Fuentes fidedignas. Por Isaias Alvarez
Cuando comenzó a trabajar como funcionaria, el litro de gasolina se vendía en 13 pesos. En ese año, el Papa Francisco visitó el país y fue recibido con entusiasmo. La noticia de ocho, la más recordada por todos, fue la captura de Joaquín el “Chapo” Guzmán, después de haberse fugado del penal del Altiplano.
Todo ha cambiado desde entonces. El litro de gasolina magna cuesta 23 pesos, el papa Francisco se murió, y Joaquín Guzmán se encuentra detenido en la prisión de ADX Florence, en Colorado, Estados Unidos.
Esmeralda Chimal Navarrete ha tenido la suerte de presenciar todos esos cambios desde 2016, cuando se integró al gobierno municipal de Reynosa, donde aún permanece. Son diez años ininterrumpidos como secretaria de Finanzas y Tesorería. Incluso, la ciudad cambió de partido, pero ella siguió en el puesto. ¿Cómo logró eso? ¿Fue un reconocimiento?
En realidad, nada cambió. Se quedó la misma familia que en 2016, la Peña Ortiz, pero en 2021 se afiliaron a Morena después de renunciar al PAN. Es uno de los engaños más viejos del sistema político: hacerte un nombre con un partido y, cuando cae en desgracia, pasarte a tiempo al nuevo ganador.
Esto demuestra que Esmeralda Chimal lleva dos lustros como tesorera no por sus méritos, sino por lealtad. La ciudad de Reynosa puede estar descontenta con su trabajo, pero eso no importa. Los que están contentos son los Peña Ortiz.
Todo comenzó en la administración 2016-2019, por invitación de Maki Ortiz Domínguez, entonces militante del PAN. La misma administración se reeligió en el trienio 2019-2021, y Chimal Navarrete repitió como tesorera municipal.
Luego vino el tsunami de la Cuarta Transformación, que barrió con el PRIAN a nivel nacional y estatal, y la familia gobernante de Reynosa evacuó inmediatamente el partido. En la administración 2021-2024, Carlos Peña Ortiz, hijo de Maki, se postuló como candidato de Morena y ocupó el mismo cargo que su mamá dejó.
En esos vaivenes, lo único constante fue el puesto de Esmeralda Chimal como tesorera de Reynosa. Si pensamos que la democracia es la mejor opción para asegurar la alternancia y el cambio político, en esta ciudad se ha cometido un engaño, porque se quedó la misma gente a gobernar, aunque se eligió un nuevo partido.
La tarea de Esmeralda Chimal Navarrete está centrada en administrar los recursos económicos y dar los mejores resultados. A juzgar por las auditorías, nunca fue muy aseada. De su primera etapa como tesorera, Reynosa fue el municipio con más observaciones del Auditor Superior del Estado en 2019, que le contabilizó 495.7 millones de pesos en inconsistencias.
Presentar estados con precios inflados, sin evidencia o sin respaldo, se volvió un mal de familia. Son conocidas las irregularidades señaladas tanto a Maki Ortiz como a Carlos Peña en sucesivas auditorías, y la tesorera municipal lleva su parte de culpa, aunque detrás de reflectores.
De cierta manera, el oficio político de Maki Ortiz ha salvado a su equipo, incluido Carlos Peña, de acabar ante un juez y posiblemente presos. Pero hay consecuencias inevitables, y una es la mala imagen que han dejado en los ciudadanos, incluida Chimal Navarrete, o sobre todo ella por sus diez años en la administración.
La rendición de cuentas, de ingresos y gastos, compras y deudas, no suele ser un tema popular ni del dominio general. Solo algunos están enterados de estos asuntos, y a la mayoría le pasan de largo. Todo cambia cuando hablamos de obras y servicios, de facilitar o disminuir el bienestar de las familias. Obras terminadas, proyectos bien hechos, son acciones que se aplauden o reclaman. Y la tesorería cumple un papel decisivo para que ocurra un desenlace u otro.
En ese sentido, Esmeralda Chimal Navarrete ha sido una funcionaria pasiva con relación al reclamo social. Si el defecto número uno de Reynosa es el manejo irregular de los recursos, el número dos es la entrega de obra pública. La ciudad más importante de Tamaulipas es también la que tarda más en ejecutar una pavimentación, arreglar un parque o construir infraestructura municipal.
Si bien la responsable de verificar los plazos y calidad de los trabajos es la Secretaría de Obras Pública, la tesorería municipal podría hacer más que esperar sentada a que le lleven oficios. Así funciona un equipo: empuja entre todos cuando alguien se rezaga. Pero la actitud de Chimal Navarrete es ver el fiasco de los otros y lavarse las manos. Que sufran los vecinos, los comerciantes, los automovilistas, da igual.
Y a las pruebas nos remitimos. ¿Cómo va la Plaza Juárez 5 (plaza 21 de marzo), que debía terminarse el 20 de diciembre de 2025? Solo 30 por ciento de avance y sin plazo definido. El contrato era por 25 millones de pesos, pero seguramente aumentará. Pensada para atraer turistas, ahora los ahuyenta con vallas, escombros y tierra abandonada.
De risa fueron también los aplazamientos de la restauración de la zona centro, de 100 millones de pesos, que inició en agosto de 2024. La intervención de las calles Morelos, Juárez, Hidalgo e Ignacio Zaragoza se entregaría en septiembre; luego, se corrió a finales de octubre. Y, al fin, terminó en enero de 2025.
El ejemplo más recordado de los retrasos es el Museo del Ferrocarril, que inició en 2020 y debió concluirse a fines de 2021. Años y millones de pesos después, la obra fue inaugurada el 18 de marzo de 2025, cinco años después, el mismo tiempo que el Tren Maya.
Hoy en día, siguen inconclusos el Colector de Drenaje y Pavimentación en la colonia Lázaro Cárdenas, la Presa Rompepicos “El Águila” -obra de cientos de millones-, y la remodelación de la Plaza Hidalgo.
Esmeralda Chimal Navarrete seguramente pretende ser candidata de Morena a lo que caiga por Reynosa, a juzgar por que tiene escasos días de haber creado redes sociales simulando cercanía con los reynosenses; si, justo como el de obras públicas, como el de servicios públicos, como el mandadero al que le dicen ‘chon’ y un puñado más que se han beneficiado del makiato desde el 2016. Es decir, permanecería hasta 2030 en algún cargo público.
En diez años Esmeralda se ha acostumbrado a retrasar proyectos, causar molestias e ignorar a los afectados. ¿Merece quedarse hasta entonces? A estas alturas, ya no es ella, sino los reynosenses los que merecen más.





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