Fuentes fidedignas. Por Isaias Alvarez
Miguel Ángel Almaraz Maldonado decidió no realizar un acto masivo con motivo de su Segundo Informe de Gobierno. El argumento es rentable: ahorrar el dinero de la ceremonia y destinarlo a infraestructura para Río Bravo. En tiempos donde la palabra austeridad todavía vende, cualquiera podría aplaudir la decisión. El problema comienza cuando se revisa el historial reciente de prioridades del Ayuntamiento.
Mientras el gobernador Américo Villarreal Anaya ha recorrido municipios para acompañar personalmente la rendición de cuentas de alcaldes y alcaldesas, Almaraz optó por limitarse a entregar su informe al Cabildo. En los hechos, sacó a Río Bravo de esa dinámica de coordinación institucional. Y si verdaderamente el problema era gastar dinero en un recinto o ceremonia, alternativas había.
Por ejemplo, pudo rendir cuentas en el Gimnasio de la Unidad Deportiva Enrique Franklin Chanes, mejor conocida como Las Liebres. No es cualquier instalación. El Gobierno del Estado invirtió más de 17 millones de pesos en rehabilitarla: colocó 730 metros cuadrados de duela de maple, ocho equipos de aire acondicionado de diez toneladas, rehabilitó baños, instaló butacas y equipamiento para basquetbol y voleibol. Es decir, Río Bravo ya tenía un espacio digno para un evento institucional sin necesidad de montar una ceremonia ostentosa. Pero hablar de Las Liebres obliga a recordar otra historia.
Fue Almaraz quien decidió convertir ese complejo deportivo en sede de la Feria de Río Bravo 2025, pese a las críticas que desde antes advertían sobre posibles daños a las instalaciones. El alcalde prometió entonces que nada se perjudicaría y que, al terminar la feria, el lugar incluso quedaría mejor.
Meses después, el propio alcalde reconocía que todavía esperaba la llegada de la duela para volverla a colocar y aseguraba que el parque quedaría mejor que antes. Cualquiera que vaya en este momento a ver las instalaciones se dará cuenta que es la misma duela que el ayuntamiento quitó pero dañada por un capricho personal. En esa misma entrevista habló de las finanzas de la feria con una frase peculiar: dijo que no hubo ganancias ni pérdidas y que habían salido “medio raspados”. Así que resulta inevitable preguntar: ¿austeridad para el informe, pero no para la feria?
Porque aquella fiesta sí tuvo artistas que se conoce que cobran millones de pesos y una operación que involucró recursos públicos municipales. Y las dudas no son solamente una ocurrencia de adversarios políticos. El 26 de enero de 2026, el Congreso de Tamaulipas aprobó solicitar a la Auditoría Superior del Estado una revisión inmediata de los recursos públicos, contratos y posibles incumplimientos relacionados con la Feria de Río Bravo 2025.
En febrero, personal de la propia Auditoría Superior del Estado llegó al Ayuntamiento para revisar ingresos, egresos, contratos, convenios, concesiones y cobros relacionados con el evento. Hasta ahora, las preguntas centrales siguen siendo las mismas: ¿cuánto costó realmente la feria?, ¿cuánto ingresó?, ¿cuánto se pagó por artistas y proveedores?, ¿quién administró cada recurso?
Por eso sorprende que Almaraz descubra ahora las virtudes de ahorrar unos pesos en una ceremonia pública, pero si se haya gastado decenas de millones de pesos en una feria que Rio Bravo no necesitaba, habiendo otras prioridades. Pero habrá una pregunta todavía más incómoda cuando presente sus obras. ¿Qué va a informar exactamente sobre las pavimentaciones realizadas durante su administración?
En Río Bravo existen vialidades rehabilitadas que merecen una revisión puntual sobre ubicación, costo, procedimiento de contratación y, sobre todo, criterio utilizado para decidir qué calles iban primero. Hay calles donde se encuentran propiedades o negocios relacionados con personajes cercanos al alcalde; vialidades vinculadas con integrantes del Cabildo; sectores donde existen intereses empresariales y comerciales conocidos en la ciudad.
Ahí aparecen nombres que habrá que revisar uno por uno: la diputada federal Casandra de los Santos; los regidores Lupita Salas y Bernardo Gómez; el panista Alejandro Llanas; empresarios ligados a las tiendas Guajardo; así como el entorno de Zacarías Melhem y los intereses relacionados con la brecha 115.
No se trata de afirmar de antemano que una pavimentación sea irregular simplemente porque beneficia una calle donde vive, trabaja o tiene negocios determinado personaje. Lo que sí corresponde preguntar es por qué esas calles fueron seleccionadas, quién pidió las obras, cuánto costaron, qué empresas las ejecutaron y qué otras vialidades con mayores necesidades quedaron esperando. Eso también es rendición de cuentas.
Miguel Ángel Almaraz puede ahorrarse el salón, las sillas, el sonido y hasta los aplausos de un Segundo Informe. Lo que no puede ahorrarse son las explicaciones. Porque una administración austera no es aquella que cancela una ceremonia y lo anuncia en redes sociales. La verdadera austeridad se demuestra cuando cada peso público tiene destino, expediente, justificación y resultados. Y sobre las pavimentaciones de Río Bravo todavía hay mucha calle por recorrer, que ahondaremos con pelos y señales en la próxima entrega.






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