– El exgobernador confirmó que contempla competir por la Presidencia en 2030, aunque permanece en Estados Unidos.

– Sheinbaum abrió el debate sobre impedir que personas con doble nacionalidad aspiren a la Presidencia o a una gubernatura.

– Morena respondió al destape con extradición, investigaciones, huachicol fiscal y las cuentas de su administración en Tamaulipas.

Fuentes Fidedignas. Por Isaias Alvarez

Francisco García Cabeza de Vaca quiere ser Presidente de México. La noticia tendría mayores alcances si el aspirante estuviera dispuesto, primero, a regresar al país que pretende gobernar.

Por ahora hace política desde Estados Unidos. Desde allá concede entrevistas via zoom, denuncia persecuciones, acusa al régimen y construye su candidatura. La distancia, en política, tiene ciertas comodidades.

Ante Carmen Aristegui terminó por decirlo. Cuando la periodista le preguntó si aspiraba a la Presidencia en 2030, Cabeza de Vaca confirmó que contempla competir. También explicó por qué no regresa. Dice temer una detención y un encarcelamiento y sostiene que enfrentaría un proceso sin garantías. Su defensa vuelve a una vieja tesis: persecución política.

El hombre que sueña con encabezar el Estado mexicano comienza así su aventura presidencial con una peculiaridad: quiere conquistar México sin pisarlo.

Claudia Sheinbaum abrió entonces una discusión particularmente incómoda para el tamaulipeco: que quienes aspiren a la Presidencia o a una gubernatura tengan exclusivamente nacionalidad mexicana. La Presidenta confirmó que prepara una iniciativa. Cabeza de Vaca, nacido en Estados Unidos, sostiene que es mexicano por nacimiento y considera que cambiar ahora las reglas tendría dedicatoria.

Puede tener razones para sospecharlo. Pero esa discusión tampoco resuelve la pregunta que comienza a perseguir su candidatura: ¿puede alguien pretender gobernar México mientras no pisa el territorio mexicano?

La política mexicana tiene una regla que sobrevivió al PRI, al PAN y seguramente sobrevivirá a Morena: cuando un adversario muestra una herida, nadie corre por las vendas.

Desde San Lázaro, Sergio Gutiérrez Luna calificó como una “patraña” la aspiración de Cabeza de Vaca y acusó al exgobernador de convertir sus problemas jurídicos en una narrativa de persecución. Detrás del destape comenzaron entonces a desfilar palabras que el cabecismo preferiría mantener lejos de cualquier campaña presidencial: extradición, investigaciones, patrimonio, doble nacionalidad y huachicol fiscal.

Hay un señalamiento particularmente venenoso porque toca uno de los ‘orgullos’ del antiguo gobierno: la seguridad. Morena pregunta qué ocurrió con el contrabando de combustibles durante los años en que Cabeza gobernó una de las fronteras estratégicas del país.

Las acusaciones deberán demostrarse ante las autoridades, una declaración política no es una sentencia. Pero existe otro tribunal menos escrupuloso: el de la política. Allí basta una pregunta bien colocada para perseguir a un candidato durante años.

Desde el Congreso local, Humberto Prieto decidió prescindir de cualquier cortesía: “Ven a México y enfrenta la justicia mexicana”, lanzó al exgobernador. Prieto aseguró además haber presentado ante la Fiscalía General de la República una denuncia relacionada con huachicol fiscal.  “Él no descubrió el huachicol fiscal; él fundó el huachicol fiscal”, mencionó el diputado.

El presidente del Congreso también atribuyó a la administración anterior un presunto quebranto de 7 mil 500 millones de pesos, incluidos alrededor de mil 500 millones relacionados con Bienestar. Las cifras deberán probarse. Pero para Cabeza representan un problema inmediato: mientras anuncia el país que quiere gobernar, sus adversarios hacen inventario del estado que gobernó.

Rómulo Pérez Sánchez, presidente del Consejo Estatal de Morena, tampoco necesitó demasiadas palabras. “Puede grabar todos los videos que quiera”, dijo. Después lo emplazó a presentar ante las autoridades las pruebas de sus acusaciones y hacerlo personalmente en México.

La ofensiva tiene método: Sheinbaum coloca la discusión nacional; Sergio Gutiérrez la lleva a San Lázaro; Humberto Prieto abre las cuentas en el Congreso y Rómulo devuelve el pleito al territorio. No hace falta ponerse de acuerdo cuando todos encuentran al mismo adversario.

Sería absurdo negar a Cabeza de Vaca oficio político. Construyó poder, derrotó adversarios y encabezó la primera alternancia panista en Tamaulipas después de décadas de gobiernos priistas. Precisamente por eso sorprende verlo comenzar una aventura presidencial cargando una contradicción tan elemental.

Quiere ser candidato de un país al que dice que no puede regresar. Quiere organizar una oposición nacional desde Estados Unidos y pide que México discuta al Cabeza de Vaca de 2030. Sus adversarios tienen otros planes. Ellos quieren hablar del gobernador de 2016 a 2022, de sus cuentas, de las investigaciones, de la extradición y ahora también del huachicol fiscal.

Cabeza de Vaca salió esta semana en busca de una candidatura presidencial y encontró algo que seguramente no estaba buscando: su propio pasado lo estaba esperando.

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