Fuentes fidedignas. Por Isaias Alvarez

Con la detención de la “China”, ex integrante de la Policía Estatal, el pasado 26 de octubre, continúa la investigación sobre una de las peores masacres en la historia de Tamaulipas.

El fiscal general Jesús Govea Orozco había adelantado que el caso no se cerraría, a pesar de haberse procesado a 10 implicados en los hechos. Más aún, aseguró que iría por más funcionarios.

Cinco años después de la tragedia, parecía que Berenice N, alias la “China”, quedaría impune de aquel crimen, mientras se ocultaba en un rincón olvidado de Altamira. Pero la búsqueda iba en serio y es hora de pescar a los peces gordos.

¿Por qué es tan importante perseguir a Berenice y a los mandos policiacos en 2026? ¿No sería mejor darle vuelta a la página? No, en absoluto. Fue mucha la sangre y el dolor que causaron como para cubrirlos de olvido.

Estamos hablando de crímenes imperdonables según las leyes internacionales. El 22 de enero de 2021, 19 indocumentados perdieron la vida balaceados y calcinados, a bordo de una camioneta, en Camargo; algunos tenían el tiro de gracia. De ellos, 16 eran migrantes guatemaltecos que solo querían trabajar en Estados Unidos. La prensa internacional exhibió a Tamaulipas como un estado violento e ingobernable, y hasta el Papa Francisco expresó sus condolencias por la matanza.

Para mayor vergüenza, los responsables no fueron las organizaciones criminales, sino el Grupo de Operaciones Especiales (GOPES), una élite de policías creada por Francisco García Cabeza de Vaca. Fue, en realidad, una especie de guardia al servicio del panista, como aquella legión que protegía a los emperadores romanos.

García Cabeza de Vaca los equipó prácticamente para la guerra: dos helicópteros R66, 50 drones, vehículos blindados, armamento, explosivos y equipo táctico. Con esa artillería que les dio, masacraron a los 19 indocumentados.

Pero un verdadero ejército se rige por la disciplina y los GOPES eran unos mercenarios. Los 150 elementos que lo integraban no solo se involucraron en abusos de autoridad sino también en secuestros, extorsiones y operativos sin orden judicial, de acuerdo con quejas presentadas ante Derechos Humanos. Su área de acción, principalmente, eran las ciudades de Reynosa y Victoria, aunque recorrían a menudo la Frontera Chica, donde finalmente cometieron la atrocidad.

Los GOPES no combatieron la inseguridad, sino la empeoraron, y por esta razón se debe llegar hasta las últimas consecuencias, como en el caso de la “China” y los otros detenidos. Es el momento de escalar la cadena de mando y llegar hasta las cabezas, tanto en sentido figurado como literal. Porque el exgobernador panista fue el iniciador y la mente maestra de este proyecto.

Hay avances y hay deudas en este sentido. Ya están en prisión Horacio Rocha Nambo, comandante operativo de los GOPES, y Mayra Elizabeth Vázquez Santillana, la coordinadora regional. A cada uno le dieron 50 años de cárcel por los delitos de homicidio calificado y abuso de autoridad. A Mayra Elizabeth, además, la hallaron culpable de presentar informes falsos a la autoridad. Estos son avances.

Pero la deuda todavía es grande mientras los superiores jerárquicos estén en libertad. Hablamos de Félix Arturo Rodríguez Rodríguez, director general de los GOPES, y Francisco García Cabeza de Vaca, extitular del Poder Ejecutivo Estatal.

No se trata de una ocurrencia ni de una acusación gratuita de nuestra parte. La cadena de mando la integraban, de abajo hacia arriba, el escuadrón operativo, la coordinación regional, la dirección general y el mando superior (o el gobernador). Familiares de las víctimas exigían seguir adelante y no quedarse solo con el arresto de policías. Inexplicablemente, Félix Arturo Rodríguez Rodríguez nunca fue procesado.

El director general tenía la última palabra sobre el territorio que ocupaban los GOPES y siempre supo que entraban en Camargo; incluso, se enteraba en el acto de lo sucedido. Aunque su nombre apareció en legajos judiciales, no se le molestó. Al contrario, las agencias estadounidenses de la DEA y la HSI (Inmigración y Control de Aduanas) le entregaron sendos reconocimientos siete meses después de la masacre. Reaccionaron en contra de esto grupos defensores de derechos humanos, pero Rodríguez Rodríguez mantuvo sus diplomas y su libertad.

Otro que halló refugio en los brazos norteamericanos fue Francisco García Cabeza de Vaca, quien desde aquel país se declara perseguido político. No lo es. El hecho de estar en libertad no se debe a su inocencia, sino a la doble nacionalidad que hoy le sirve de escape. Está acusado de delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita (lavado de dinero), de acuerdo con la FGR.

En Tamaulipas tiene frentes abiertos por desvío de recursos y uno de sus más cercanos excolaboradores, Carlos García González, exsecretario de Desarrollo Económico, ha declarado ante un juez que Cabeza de Vaca era el responsable de autorizar los contratos de obra y compras, sin importar los procesos de licitación.

Y, ahora que se ejecutó la detención de Berenice N. la “China”, aumenta la posibilidad de vincularlo con los crímenes de Camargo. Este caso y las investigaciones por corrupción demuestran que no es la víctima de esta historia, sino el verdugo.

Mientras disfrute su residencia legal en Estados Unidos podrá quejarse de persecución y censura. Pero las evidencias son firmes y cada día sale una nueva detención, otra prueba, una comunicación interna, que pueden cambiarlo todo. Porque el expediente de Camargo, cinco años después, no está cerrado.

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