Ciudad Victoria. 21 de abril de 2026. — El sector rural del estado enfrenta una triple sacudida biológica y económica. A la proliferación de especies invasoras en presas y a la sombra del gusano barrenador en el ganado, se suma una crisis agrícola por la falta de humedad. Ante este escenario, el secretario de Desarrollo Rural, Pesca y Acuacultura, Antonio Varela Flores, desmiente los rumores de mortandad masiva, expone la contención sanitaria en la frontera y anuncia una apuesta industrial para abaratar la canasta básica a través del sorgo blanco.

La alerta biológica se encendió primero en los vasos lacustres de la entidad con la confirmación de una especie invasora procedente del Amazonas. El pez diablo, detectado en cuerpos de agua tanto del sur como en la presa Falcón al norte, representa un dolor de cabeza ecológico. «La erradicación va a ser una tarea muy complicada a largo plazo», admite el funcionario estatal, quien adelantó que ya solicitaron apoyo a universidades y autoridades federales para buscarle una salida comercial a esta plaga y, eventualmente, procesarla como alimento para ganado.

Pero la preocupación zootécnica no se limita al agua. El fantasma del gusano barrenador desató psicosis entre productores y dueños de mascotas.

Para apagar la histeria colectiva, Varela Flores lanzó un balde de agua fría sobre los números extraoficiales. De los 21 mil 100 casos reportados a nivel nacional, Tamaulipas concentra menos del uno por ciento de la incidencia, sin un solo animal muerto por esta causa. «No se mueren por gusano barrenador, es una herida que se trata, se cura», ataja el titular, tras confirmar que el 70 por ciento de los brotes en la entidad están acorralados en Ocampo, Tula y El Mante. La contención estatal, lograda a través de cercos sanitarios y la entrega de cicatrizantes, evitó que la mosca avanzara hacia el norte del país, un muro de protección que, según Estados Unidos, colapsaría a mediados de 2025 y que Tamaulipas logró sostener.

El campo no solo pelea contra plagas; los agricultores arrastran los estragos de la sequía y el aumento en los costos de producción. Las condiciones climáticas provocaron que gran parte de las hectáreas preparadas se quedaran vacías por falta de humedad al inicio del ciclo, obligando al Estado a subsidiar 232 toneladas de semilla certificada. “No recomendamos mucho sembrar el sorgo ahorita porque se van a enfrentar con climas de mucha plaga, pero la vocación del agricultor es esa”, justifica el secretario, quien reconoce que el rescate financiero de los graneros exige presionar a los proveedores de insumos y no solo a la Bolsa de Chicago.

Frente a la escalada de precios que golpea directamente el bolsillo urbano con el alza a la tortilla de maíz, el gobierno local ya cocina un plan de sustitución.

La administración estatal pondrá en marcha el próximo año la primera planta nixtamalizadora de harina de sorgo blanco, un proyecto diseñado originalmente como rescate para los productores, pero que terminará por abaratar el mercado. “Va a tener un precio mucho más accesible; ahorita ya hay una tortillería abierta de 100 por ciento sorgo blanco y el precio de venta es de 20 pesos, comparado con 27 o 28 pesos», sentencia Varela Flores sobre el impacto inminente de esta alternativa nutricional.

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