Crónicas de Sur| José Juan Tomás

En Ciudad Madero parece que la puntualidad naufragó hace tiempo. El alcalde Erasmo González Robledo, conocido por muchos como «El Capitán», sigue acumulando señalamientos por los constantes retrasos en los eventos oficiales, una situación que ya no solo provoca molestias entre los ciudadanos, sino que comienza a tener consecuencias preocupantes.

Durante un evento realizado en la colonia Hipódromo, una persona de la tercera edad sufrió un desmayo mientras esperaba la llegada del presidente municipal. Según asistentes, la espera se prolongó por varias horas, obligando a adultos mayores a permanecer en condiciones poco favorables mientras aguardaban el inicio de la actividad.

Lo sucedido debería encender las alarmas dentro del Ayuntamiento. No se trata únicamente de un problema de organización, sino de sensibilidad hacia quienes acuden a estos encuentros. Los adultos mayores merecen consideración especial, no largas jornadas de espera que ponen en riesgo su salud.

Resulta contradictorio que en los discursos oficiales se hable de cercanía con la gente cuando, en la práctica, son precisamente los ciudadanos quienes terminan ajustándose a los tiempos de la autoridad. El respeto debe ser mutuo y comenzar por algo tan básico como cumplir con los horarios establecidos.

La imagen de una abuelita desmayada mientras espera a un funcionario público es una escena que ningún gobierno quisiera presumir. Sin embargo, los hechos hablan por sí solos y reflejan una realidad que cada vez más ciudadanos comentan: los retrasos se han vuelto una constante.

Si el Ayuntamiento busca fortalecer su relación con la ciudadanía, debería empezar por entender que el tiempo de la gente vale tanto como el de cualquier funcionario. Y cuando se trata de adultos mayores, ese compromiso debe ser todavía mayor.

Porque gobernar no solo implica encabezar eventos y pronunciar discursos. También significa demostrar respeto por quienes acuden a escuchar, participar y confiar en sus autoridades.

De lo contrario, el barco seguirá a la deriva y los ciudadanos continuarán pagando las consecuencias.

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