Fuentes fidedignas. Por Isaias Alvarez
La inauguración de la supuesta casa de atención ciudadana de la senadora plurinominal en Reynosa dejó algo mucho más importante que las sonrisas, los elogios entre dirigentes y el desfile de discursos cuidadosamente maquillados: dejó claro que Maki Ortiz ya juega para otro proyecto político. Y no, no se trata solamente de un acomodo partidista o de una estrategia electoral normal rumbo al 2028. Lo que vimos fue el arranque anticipado de una operación para construir una candidatura propia desde el Verde, completamente separada de Morena. Maki ya no está pensando como aliada; está pensando como competencia.
Por eso el título no es exagerado, Maki es una menos para Morena. Y quizá dentro del propio morenismo tamaulipeco todavía no dimensionan lo que eso significa hacia adelante. Porque el evento no fue un simple acto de fortalecimiento partidista, fue un destape con todas sus letras. La dirigente nacional del Verde prácticamente la colocó en el aparador rumbo al 2028, le construyó la narrativa de “gran perfil”, “mujer productiva”, “liderazgo fuerte” y “senadora reconocida”, mientras Manuel Muñoz Cano terminó funcionando más como operador político del proyecto que como dirigente estatal autónomo.
El problema es que el discurso empieza a caerse apenas uno revisa los números reales. ¿Productiva? ¿Bajo qué criterio? Porque en la realidad del estado, la productividad legislativa de Maki Ortiz en el Senado dista muchísimo de justificar el nivel de promoción política que le están construyendo. Muy apenas presume una iniciativa aprobada, y para acabarla de rematar, lejos de responder a las necesidades urgentes de Tamaulipas. A lo mejor en San Luis Potosí sí celebran ese tipo de agenda, porque allá fue donde terminó negociando políticamente su espacio plurinominal, pero aquí el estado sigue esperando resultados concretos en seguridad, agua, infraestructura, salud y desarrollo fronterizo.
Y ese es justamente el problema de fondo: el Verde intenta vender a Maki como una figura de resultados, cuando en realidad lo que existe es una operación de posicionamiento basada más en percepción que en hechos tangibles. Mucho discurso de “liderazgo”, mucha narrativa de “mujer preparada”, mucho reconocimiento mutuo entre políticos, pero muy poca conexión con las verdaderas preocupaciones de Tamaulipas.
Porque mientras en Reynosa montaban un escenario casi presidencial adelantado, el estado sigue enfrentando problemas reales que no se resuelven con ruedas de prensa ni con afiliaciones infladas convertidas en propaganda política. El Verde habla de crecimiento, de estructura y de candidaturas, pero en el fondo lo que realmente se observó fue otra cosa: la construcción de un proyecto personal.
Y hay otro detalle que exhibe perfectamente las contradicciones internas de ese bloque político. Mientras en el evento repetían una y otra vez el discurso de respaldo absoluto a la presidenta Claudia Sheinbaum y hablaban de acompañar sus políticas públicas, resulta que la diputada federal Casandra de los Santos terminó votando en contra de la reforma electoral. Lo más llamativo no fue solamente el voto, sino el silencio absoluto alrededor de él. Sus redes sociales parecían tumbas. No explicó razones, no fijó postura, no defendió técnicamente su decisión, no dijo absolutamente nada.
Curiosamente, en otros temas sí había aparecido públicamente argumentando que ciertas iniciativas tenían “inconsistencias”, como ocurrió con la discusión de la Ley de Aguas, donde amagó con votar en contra bajo ese pretexto… para terminar votando a favor al final. Entonces uno ya no sabe si las inconsistencias desaparecen milagrosamente, si las convicciones duran unas horas o si simplemente las posturas cambian dependiendo del cálculo político del momento. Porque cuando se trató de la reforma electoral no hubo explicación técnica, ni posicionamiento jurídico, ni debate público, simplemente puro silencio.
Ese tipo de señales son importantes porque retratan lo que verdaderamente viene: el Partido Verde ya no está actuando como aliado subordinado; está intentando construir identidad propia, incluso aunque eso implique patear iniciativas federales o tomar distancia política cuando les conviene electoralmente.
Y ahí es donde la frase cobra todavía más sentido: Maki es una menos para Morena. Porque el evento en Reynosa no tuvo tono de coalición. Tuvo tono de emancipación política. El Verde ya empezó a comportarse como fuerza separada, con estructura propia, con narrativa propia, con candidata propia y con ambición propia. Y Maki Ortiz aparece en el centro de todo ese armado.
Ahora bien, tampoco hay que perder de vista otra realidad que en el Verde parecen haber olvidado en medio del entusiasmo. Sí, existen cuadros políticos dentro del partido en Tamaulipas, sería absurdo negarlo, pero buena parte de los espacios que obtuvieron en la elección pasada no nacieron realmente de una fuerza electoral propia del Verde. Nacieron del siglado, de los acuerdos políticos y de actores que compitieron bajo esas siglas, pero que en realidad eran operadores, estructuras y candidaturas impulsadas por Morena.
Muchos de esos votos no eran verdes. Eran votos morenistas prestados temporalmente para acomodar alianzas, candidaturas y posiciones. Esa es la parte que algunos hoy parecen confundir peligrosamente. Porque una cosa es ganar usando la maquinaria territorial, la narrativa presidencial, la estructura electoral y el arrastre político de Morena. Y otra muy distinta es descubrir cuánto pesa realmente el Verde cuando le toca caminar solo.
Por eso será interesante ver los “números” que obtengan ahora que ya se sienten potencia electoral independiente y andan tan alzados creyendo que el capital político era exclusivamente suyo.
Y ahí están los antecedentes recientes para aterrizarlos un poco. En la pasada elección al Senado de la República, en Reynosa —la ciudad controlada por el grupo Peña Ortiz— apenas lograron alrededor de 17 mil votos propios. Diecisiete mil, en la joya de la corona, en su principal bastión político, en el municipio donde supuestamente operan con absoluta fuerza territorial.
Pobrecitos. Aún no les cae el veinte.





Deja un comentario