Fuentes fidedignas. Por Isaias Alvarez

En política no solo habla el que acusa; también habla el que decide a quién no tocar. Y eso es exactamente lo que pasó con la declaración del diputado federal Mario Lopez que circuló en horas de la mañana. Más que el ruido, lo que importa es la puntería y las omisiones.

Mario López no es ningún improvisado, tiene historia, tiene grupo y tiene aliados muy claros: Maki Ortiz, Carlos Peña Ortiz, Claudia Hernández, Adrián Oseguera, José Ramón Gómez Leal, Casandra De Los Santos y un puñado más que ni vale la pena mencionar. Un bloque que no apareció por ningún lado en el discurso, como si no existiera. Y eso no fue casualidad, fue completamente intencional.

Porque cuando te lanzas a golpear y dejas intactos a tus amigos y aliados, el mensaje cambia por completo. Ya no es denuncia, se convierte en estrategia y con mucha más razón por los tiempos que son. No es un acto de valentía, es una jugada para acomodar el tablero: pegarle a unos y proteger a otros.

Que irónico es que hay nombres dentro del mismo círculo al que pertenece ‘la borrega’ que cargan señalamientos previos, incluso en temas tan delicados como el huachicol, y estructuras municipales que han sido vinculadas en investigaciones periodísticas con empresas bajo sospecha. Pero de eso no se dijo absolutamente nada. Ni una palabra, ni por error.

Entonces no hay que hacerse bolas. Si revisas quiénes tienen aspiraciones y quiénes salieron “golpeados” mediáticamente, la coincidencia es demasiado exacta. Donde hay proyecto, hubo silencio. Donde hay competencia, hubo golpeteo. Un claro ejemplo fue la mención a Erasmo Gonzalez, alcalde de Ciudad Madero; ahí Adrian Oseguera quiere volver en el 2027, adivinen de quien es cercano.

Asimismo, el efecto fue inmediato. El Partido Verde se deslindó sin pensarlo dos veces, dejándole claro que ese costo no lo van a pagar ellos. Y en Morena, difícilmente alguien va a querer recoger a quien decide incendiar sin medir consecuencias. En términos simples: se quedó sin respaldo claro, pero con el problema ya sembrado.

Porque esto no es gratis. Abrir frentes es fácil; sostenerlos es otra cosa, y cuando no hay pruebas, el terreno cambia. Ya no es mediático, es jurídico, y ahí no se gana con declaraciones ni con entrevistas, se gana con documentos.

Sería una lástima que después de tanto ruido todo termine en eso: en un movimiento que dejó más dudas que certezas. Porque aquí ya no se trata de quién habló más fuerte, sino de quién puede sostener lo que dijo. Y cuando el discurso viene con silencios tan bien acomodados, lo que parecía una denuncia termina pareciendo una jugada política mal calculada. El que reparte golpes debe estar preparado para recibir de vuelta ¿Habrá valido la pena el sacrificio por el team?

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