Fuentes fidedignas. Por Isaías Alvarez

Hay formas de equivocarse en política, y luego está la que eligió José Ramón Gómez Leal: grabarse, subirlo a redes y dinamitar, en cuestión de segundos, lo poco que venía construyendo rumbo al 2028 ¿En qué le benefició a sus aspiraciones políticas salir a llamar “chayoteros” a la prensa? ¿Qué cálculo político hay detrás de confrontar, sin matices, a un sector que le guste o no influye todos los días en la conversación pública del estado? Absolutamente en nada. No se posicionó, mucho menos ganó simpatías de ciertos sectores; al contrario, le puso muy probablemente el último clavo a su ataúd político.

Y el problema no es únicamente la prensa. En el mismo mensaje, el senador decidió extender el golpe hacia alcaldes y alcaldesas, insinuando que desvían recursos para pagar medios en lugar de invertir en infraestructura. Es decir, en un solo movimiento se echó encima a dos actores clave en cualquier proyecto político territorial: quienes construyen narrativa y quienes operan en campo. Ni de broma fue una estrategia, fue una completa estupidez. En política hay reglas no escritas, y una de ellas es elemental: no abras frentes innecesarios cuando ya cargas suficientes.

Porque carga, y bastante. A jota erre no lo persigue precisamente una hoja limpia. Ahí están los señalamientos de huachicol, las denuncias en su contra acusado de despojar de terrenos en Reynosa, las decenas de inasistencias al senado y una productividad nula en su trabajo como senador. No hay una sola iniciativa que lo coloque en el mapa legislativo nacional. No hay una agenda propia que lo respalde. Y aun así, decide colocarse en el centro del conflicto como si partiera de una posición de fuerza.

Ese es el error de fondo: la desconexión con su propia realidad. Porque su última victoria electoral no se explica por una construcción individual sólida, sino por una ola política que arrastró a muchos, y por una fórmula que pesó más que su propio nombre. Eso también cuenta, aunque no se diga en voz alta. Y en ese contexto, salir a confrontar sin tener con qué sostener la pelea no es valentía, es una apuesta mal leída.

Rumbo al 2028, este tipo de movimientos no son anecdóticos, son señales. Pequeñas decisiones que, acumuladas, terminan por cerrar puertas antes de tiempo. Porque las candidaturas no se caen de un día para otro; se erosionan con errores como este, con mensajes innecesarios, con la incapacidad de entender dónde estás parado y contra quién te estás midiendo. Y hoy, el senador parece más enfocado en reaccionar que en construir.

Al final, el video no revela una estrategia. Revela algo más preocupante: la ausencia de ella. Porque nadie que esté pensando seriamente en el siguiente nivel político se da el lujo de pelearse con todos al mismo tiempo, y menos cuando su propio expediente ya viene cargado. Así no se construye una candidatura, así se destruye. Y lo más grave es que ni siquiera parece darse cuenta.

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