Opinión pública

Por Felipe Martínez Chávez

Cd. Victoria, Tamaulipas.-

Se equivocan aquellos que, por filias, fobias o simples ambiciones, le restan poder al gobernador Américo Villarreal Anaya.

Los malquerientes aprovecharon escenarios de la gira de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, el fin de semana por Tampico, Reynosa y Nuevo Laredo, para hacer análisis sesgados.

En Tamaulipas no hay más interlocutor con Palacio Nacional que AVA y, si alguien tratara de abrir espacios —¿ya lo intentaron?—, tendrían que decirle allá que la plaza tiene un jefe político.

No nos imaginamos qué sucedería si, como alguien quiere aparentar, dos o tres alcaldes tuvieran derecho de picaporte a Palacio Nacional. Las traiciones no son las reglas del juego político de Morena.

Américo sigue en el punto más alto, sin que alguien le haga sombra desde el gobierno central, donde tiene aliados, y menos que un desbocado brinque trancas en territorio y se dedique a agitar. Lo dicen de “pico”, pero en los hechos saben quién es el que manda.

Y no hay que limitarle la fuerza suficiente para designar sucesor en 2028. Si tiene la confianza de la jefa de Palacio Nacional, del partido y la aprobación ciudadana, sin duda así será.

El último desbocado que hizo sombra al gobernador en turno fue Manuel Cavazos Lerma, con todo el apoyo de su compadre Carlos Salinas de Gortari. Desde sus oficinas de Pronasol asignaba presupuestos a los ayuntamientos y decidía programas. Nombraba titulares de delegaciones federales. Era el que inauguraba las obras. La injerencia fue total.

Ni pizca de eso vemos en este sexenio. El gobernador decide.

A tres años cuatro meses de su administración, Américo sigue en la cúspide del poder: mantiene un liderazgo estatal firme y goza de la confianza y aprobación de la presidenta Sheinbaum.

Nadie brinca el cerco, ni de casa ni de otras corrientes. No son percepciones construidas desde la propaganda, sino realidades.

Dicen en política que los gobiernos débiles se desfondan rápido, los improvisados se desgastan antes de la mitad del camino —remember Pancho Cabeza—, en tanto el actual gobernador no solo ha logrado sostenerse, sino consolidar su liderazgo.

Quiéranlo o no los disidentes, mantiene en la pinza a los llamados hijos del poder que se presumen socios, pero no cómplices. Impuso una lógica de mando: el control institucional por encima de cuotas y apellidos. Quieren ser, pero la disciplina, o el temor a perder sus pequeños capitales políticos, los hace contenerse.

En un partido muy extenso, donde los grupos, tribus, egos y ambiciones suelen provocar fracturas tempranas, Villarreal ha logrado algo poco común: cohesión interna y disciplina partidista.

A esa fortaleza hacia el interior del partido se suma otro elemento clave: la aprobación ciudadana y el intenso trabajo que realiza, que en su momento le darán la fuerza suficiente para postular candidato a la sucesión de 2028. Como quien dice, gobernador pone gobernador.

No sería la primera vez que un gobernador impone sucesor. Cavazos Lerma heredó el poder a Tomás Yarrington y este a su hijo putativo, Eugenio Hernández Flores.

Geño le sirvió la mesa a Rodolfo Torre Cantú, que no alcanzó la asunción al ser asesinado. Por ello, el “dedazo” de Eugenio proyectó a Egidio, el hermano mayor.

El hilo se rompió con el panismo. Francisco García sacó como candidato a su compadre Truko Verástegui, pero no pudo hacerlo gobernador. El voto ciudadano los echó de Palacio.

Para aquellos que apuestan al desgaste anticipado de Villarreal Anaya, se equivocan de diagnóstico. Lejos de debilitarse, llega con el tablero bien acomodado, adversarios contenidos y aliados alineados. ¿No cree usted?

No es una declaración de soberbia, sino un análisis realista del sistema político mexicano dentro de la 4T.

Y comienzan las especulaciones sobre por qué el CEN del PAN no autoriza expedir la convocatoria para renovar el comité estatal. La principal es que el grupo que usufructúa las siglas quiere ganar tiempo para quedarse por lo menos año y medio más.

Otra versión señala que esperan la reforma electoral para hacer suyos los cambios.

La convocatoria debe expedirse por lo menos dos meses antes de la elección, por consejo o consulta.

Una vez iniciado el proceso electoral, en septiembre del presente año, no se pueden renovar dirigencias, lo que daría continuidad a “El Cachorro” Cantú para cobrar varios años más en el CDE.

Hay quienes afirman que la convocatoria será expedida hasta marzo. ¿Ya para qué?

La reforma electoral debe quedar lista y aprobada antes del 1 de junio de 2026, es decir, tres meses antes de la instalación del INE en preparación para la elección de junio de 2027.

No estaría mal que Don Cachorro Cantú siga cobrando hasta diciembre de 2027. Después de todo, es su forma de vida. No tiene otra chamba.

Hay gato encerrado. La complicidad es manifiesta entre el nacional y los concesionarios de las siglas en Tamaulipas.

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