SIN CENSURA
Por: Carlos Carreño Ortiz

MARIO DELGADO CARRILLO nunca fue un dirigente de Morena preocupado por la democracia interna o por la voz de la militancia. Su verdadera función ha sido la de operador de intereses, y Reynosa es quizá el ejemplo más evidente.

No fue casualidad que, cuando estuvo al frente de Morena, se empeñara en imponer a CARLOS PEÑA ORTIZ como candidato a la alcaldía, pese a las protestas y advertencias. La razón era sencilla: existía un acuerdo con la familia PEÑA ORTIZ.

Delgado garantizaba la candidatura y, a cambio, obtenía influencia en una de las plazas más estratégicas, donde confluyen poder económico, contratos millonarios y una estructura electoral robusta. Reynosa, bajo esta lógica, dejó de ser un proyecto de transformación para convertirse en moneda de cambio.

Y que no haya confusión: MARIO DELGADO no es el dirigente austero que presume. Sus departamentos de lujo en Reforma 222 —adquiridos a precios cuestionables— y sus viajes de placer a Portugal en plena prédica de “austeridad republicana” exhiben su doble discurso. Mientras al pueblo le pide sacrificios, él disfruta de privilegios.

Hoy queda claro que DELGADO no juega para Morena ni para sus bases. Juega para sí mismo y para los PEÑA ORTIZ, con quienes ha tejido una sociedad política que raya en la simulación. Bajo ese esquema, Reynosa no es vista como ciudad, sino como botín.

Por eso no sorprende que este viernes, salvo un cambio de última hora, MARIO DELGADO esté en Reynosa (en agenda relacionada con su encomienda como titular de la SEP), la misma ciudad que los PEÑA ORTIZ han convertido en feudo.

De ahí la pregunta inevitable: ¿cuánto más podrá soportar Reynosa ser tratada como herencia de familia y como negocio de un político que ya mostró de qué lado está?

Reynosa no es hacienda de los PEÑA ORTIZ ni feudo de MARIO DELGADO. Es una ciudad de ciudadanos libres que no merece ser hipotecada en acuerdos oscuros ni sometida a cacicazgos disfrazados de transformación.

Es todo, por hoy.
Hasta la próxima.

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