
Por Ma. Antonia Castro
Ante la proximidad de dar inicio las fiestas de Santiago Apóstol, entrevisté para Sentido Común al cronista de la ciudad de Altamira, Dr. Francisco Castellanos Saucedo, quien me informó que, según la tradición oral, estos festejos dieron inicio hacia los años de 1774 y 1776. En un principio fueron exclusivamente religiosos, pero con el paso del tiempo se extendieron y adoptaron un estilo más pagano.
Luego vinieron las artesanías —agregó—, los juegos mecánicos de la época, las corridas de toros, los jaripeos, la venta de alimentos, las huapangueadas o fiestas del huapango. Desde entonces, cree que no se ha dejado de celebrar, al menos en lo que concierne a lo religioso, ya que, por la parte pagana o del gobierno, ha habido periodos en que se han suspendido por diferentes circunstancias.
La importancia de este festejo religioso consistía en que, durante estos días, se realizaban los bautizos y confirmaciones de menores de la feligresía católica con la visita del señor Obispo de la diócesis. Las fiestas paganas, por su parte, se concesionaban —y aún se hace— a un empresario, quien organiza y pone el capital para los diversos eventos de diversión y sano esparcimiento, dejando también buenas ganancias económicas a las arcas municipales, mismas que pueden ser empleadas en obras de beneficio colectivo.
Para finalizar la breve entrevista, el doctor Castellanos puntualizó que las fiestas de Santiago —o la feria de julio, como también se le conoce— son una de las festividades más importantes de esta ciudad desde la época de su fundación. Ha tenido temporadas muy brillantes, con la visita de personas originarias y de la región. En una época, los festejos se realizaban en la plaza principal y en los terrenos de la Asociación Ganadera, hasta pocos años antes de finalizar el siglo pasado, cuando fueron suspendidas en el primer cuadro por las molestias y destrozos que implicaban. «Pero qué bueno que esta administración las retoma de manera organizada y en el lugar adecuado», concluyó.





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