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PASADO MERIDIANO
GRICELDA GUERRA ROMERO
Lo vivido el jueves en Reynosa es una situación que superó lo inimaginable. Tras el paso de una tormenta inesperada, la ciudad colapsó bajo 12 pulgadas de lluvia, una cantidad que pocos lugares podrían soportar.
Videos en redes sociales mostraban la desesperación de las familias reynosenses al ver cómo sus vehículos eran arrastrados por la corriente en las calles. Conductores trepaban a los capacetes de sus autos para ser auxiliados, atrapados por el rápido aumento del nivel del agua.
Uno de los casos más impactantes fue el de un motociclista de DiDi, quien se aferraba a su medio de transporte pese a ser arrastrado por la corriente. Ciudadanos desesperados le gritaban que la soltara para evitar ser llevado por el agua. Finalmente, tuvo que dejarla ir para salvar su vida, lamentando la pérdida de su sustento.
Los momentos dramáticos se multiplicaban en cada rincón de la ciudad. Decenas de reynosenses registraron en video la magnitud del desastre, mientras otros se solidarizaban para auxiliar a los más afectados. Trailero tras trailero usó su unidad para rescatar a jóvenes atrapados en una secundaria, llevándolos a un sitio seguro donde sus familias los esperaban. Esta escena se repitió en otros puntos de la ciudad.
Mientras la ciudadanía unía esfuerzos para ayudar a quienes estaban en riesgo, las autoridades municipales brillaron por su ausencia. El alcalde Carlos Peña no apareció para enfrentar la crisis en la ciudad que gobierna.
Incluso los medios de comunicación se vieron afectados. El personal del periódico El Mañana tuvo que ser rescatado después de que el agua dentro de su edificio alcanzara más de un metro de altura, obligándolos a evacuar.
Ante la emergencia, el Ejército entró en acción aplicando el Plan DN-III. Sus unidades recorrieron la ciudad rescatando familias de las colonias más afectadas y personas atrapadas en vehículos y transporte público, trasladándolas a albergues.
Fue solo después de todo esto que el alcalde apareció. Lo hizo a través de un video, donde «hacía un llamado de emergencia» a las autoridades estatales. Sin embargo, nunca se le vio mojándose los zapatos ni recorriendo las zonas afectadas, algo que los reynosenses habrían apreciado para sentir que su alcalde se preocupa por ellos. Una vez más, su falta de oficio político quedó en evidencia.
Pero lo que más indignó a la ciudadanía fue su desafortunada declaración: «Yo soy gobierno, no Dios», como respuesta a las críticas. En lugar de ponerse a coordinar las acciones de ayuda, el alcalde se quejó de los reclamos, lo que solo aumentó el enojo entre los afectados.
Mientras tanto, el gobernador sí mostró interés en la situación. La mañana del viernes, ya estaba en Reynosa evaluando los daños y coordinando acciones con la coordinadora nacional de Protección Civil, Laura Velázquez, para apoyar a las familias damnificadas.
Desde el C5, se reunió con mandos del Ejército Mexicano, la Guardia Estatal, la Guardia Nacional y Protección Civil del estado para organizar las labores de auxilio. Posteriormente, recorrió las zonas afectadas y dio instrucciones a su gabinete para brindar apoyo a las familias afectadas. En estas reuniones, el alcalde Carlos Peña brilló por su ausencia.
Lo ocurrido en Reynosa es lamentable, pero más lamentable aún es tener un alcalde que solo sirve de adorno. Un joven que juega a gobernar, impulsado por la ambición de su madre, que busca el poder sin comprometerse con la ciudadanía.
Aunque la magnitud de la tormenta habría complicado cualquier acción de rescate, el alcalde al menos pudo haber hecho acto de presencia para demostrar su preocupación por los reynosenses. Ahora, la gente se pregunta dónde estaba su alcalde en el peor momento, o si son ciertos los rumores de que simplemente se encontraba fuera de la ciudad.
Al parecer, esos rumores eran ciertos. A las 6 de la tarde del viernes, aterrizó en Reynosa un vuelo privado que, según fuentes, traía de regreso al alcalde. Poco después, una caravana de camionetas salió del aeropuerto y minutos más tarde, Carlos Peña apareció recorriendo colonias, repartiendo botellas de agua y platos de comida. Todo, por supuesto, fue transmitido en redes sociales, donde los reynosenses lo criticaron duramente por su ausencia en los momentos más críticos.
Ahora, que no venga a decir que es «grilla» o a minimizar lo que ocurre en el municipio. Reynosa es un lugar que él insistió en gobernar, aunque parece que prefiere hacerlo desde el Valle de Texas.





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