Con información de Animal político
El gobierno de México ha decidido no imponer aranceles recíprocos a las exportaciones de acero y aluminio provenientes de Estados Unidos, tras la reciente decisión de la administración de Donald Trump de aplicar un arancel del 25% a las importaciones de estos productos desde México. La presidenta Claudia Sheinbaum ha optado por esperar y negociar un nuevo acuerdo antes de tomar medidas de represalia.
Mientras que la Unión Europea y Canadá han respondido con la imposición de aranceles recíprocos, México prefiere evitar acciones que podrían afectar sectores estratégicos, como el automotriz. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, ha afirmado que el país actuará con «sangre fría» para obtener las mejores condiciones posibles en esta disputa arancelaria.
Por su parte, el secretario de Hacienda, Edgar Amador, ha descartado la posibilidad de una guerra arancelaria con Estados Unidos, destacando que México cuenta con un marco comercial sólido y una política fiscal estable, lo que ayudará a aislar al país de la volatilidad internacional.
Las industrias de la construcción, metalmecánica y automotriz en ambos lados de la frontera se verán impactadas por estas tarifas. México, siendo el segundo proveedor de acero para EE.UU., buscará capitalizar el superávit comercial estadounidense para negociar una exención de los aranceles.
El gobierno mexicano continuará dialogando con sus homólogos en Washington para resolver esta situación, priorizando el diálogo y evitando medidas recíprocas inmediatas. Se prevén consultas con las industrias afectadas para evaluar respuestas antes del 2 de abril, fecha en la que Estados Unidos planea imponer aranceles recíprocos a todas las naciones que respondan con tarifas.
Esta estrategia busca proteger los empleos y mantener la integración económica con Estados Unidos, evitando una escalada en las tensiones comerciales que podría afectar a ambos países.






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