Fuentes fidedignas. Por: Isaias Alvarez
El éxito casi nunca es bien recibido por quienes viven de las ruinas del pasado. En Nuevo Laredo, el trabajo es innegable: obras de infraestructura, digitalización de servicios y una administración que ha sabido combinar eficiencia con cercanía a la gente. Sin embargo, para algunos, este avance es una amenaza. No sorprende que los ataques mediáticos y las campañas de desprestigio contra el gobierno municipal se hayan intensificado en los últimos meses. Es un patrón conocido: cuando no pueden recuperar el poder en las urnas, intentan minar la confianza ciudadana con mentiras y manipulación.
El Centro Integral de Gestión y Atención (CIGA) es una prueba de cómo una administración moderna puede revolucionar la relación entre el gobierno y la ciudadanía. La plataforma, que permite reportar problemas y hacer seguimiento en tiempo real, ha demostrado su efectividad. ¿El resultado? Menos burocracia, más transparencia y una respuesta inmediata a las necesidades de la población. Es justo este tipo de eficiencia lo que incomoda a quienes, en su momento, solo usaron el cargo para llenar sus bolsillos. Con qué cara critican quienes, en sus cargos, saquearon hasta la médula.
Pero la modernización no se ha quedado en lo digital. La inauguración del Segundo Puente Ferroviario Internacional es un golpe de realidad para quienes negaban la capacidad de gestión de la actual administración. Con una inversión privada de más de 100 millones de dólares, este proyecto consolida a Nuevo Laredo como el epicentro comercial de la frontera norte. No se trata de promesas ni de discursos mareadores: los resultados están a la vista. Mientras algunos gobiernos estatales y municipales se la llevan entre la improvisación y el desastre, en Nuevo Laredo enseñan como se trabaja.
Por supuesto, no podían faltar los fantasmas del pasado, esos personajes que al verse desplazados han recurrido a la vieja estrategia de la difamación. No es casualidad que quienes hoy critican sean los mismos que dejaron huellas de corrupción, desvíos millonarios y un largo historial de omisiones. Lo irónico es que, a pesar de su intento por presentarse como víctimas del sistema, el pueblo no olvida. Saben bien quiénes saquearon y quiénes están construyendo.
El avance de Nuevo Laredo es incuestionable. La implementación de modelos de gestión eficientes, las inversiones estratégicas y una política pública centrada en la ciudadanía han convertido a este municipio en un referente. No es casualidad que otras ciudades hayan replicado sus programas. La diferencia es que aquí se hace bien, sin improvisaciones ni ocurrencias. Y eso, para algunos, es insoportable.
La pregunta es inevitable: ¿por qué atacar lo que funciona? Para los de siempre, un gobierno eficaz es un peligro. Si la gente ve que sí se puede gobernar con transparencia y resultados, entonces no querrá regresar a las viejas prácticas. Ahí radica el verdadero miedo de quienes hoy intentan desacreditar un buen gobierno. No es un tema de ideologías ni de colores partidistas, es el temor a quedar en el olvido y sin poder.






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