La Comuna
José Ángel Solorio Martínez

De repente, Makyito Peña Ortiz le entró como aire colado y se volvió nacionalista. Le salió el amor y la institucionalidad por la presidente Claudia Sheinbaum Pardo. Más patriótico que un charro de Jalisco y más bravío que un Chinaco, dijo formarse en la fila de los adoradores de México y defendió la tierra que le da de comer –y de robar, porque USA sólo le da la nacionalidad–. Se puso la capa de superhéroe para exigirle a su presidente –Donald Trump– un control total de armas que pasan de contrabando hacia nuestro país, porque nos causan muchas desgracias.

¡Qué gallardía!
¿Qué hizo que el mozalbete que gobierna Reynosa cambiara de opinión, cuando sólo hace unas semanas suplicara la intervención de Trump para combatir la violencia que viven los mexicanos?
¿Por qué el apátrida hoy se quiere convertir en macho mexicano?
¿Los reynosenses se lo pidieron?
¿Su madrecita querida se lo exigió?
¿Su asesor de lujo, el incompetente Héctor Garza González, se lo aconsejó?

En cadena nacional y toda la cosa, Makyito mandó un video-boletín para retractarse de lo dicho: pedir el auxilio de su país al nuestro porque ya está cansado de la inseguridad que flagela a los ciudadanos comunes. Generoso y humano como siempre; se supone que se preocupa por los angustiados tamaulipecos, ya que él trae vehículos blindados, guardias de seguridad y vive en un país seguro y justo.

Se nota la bondad del Makyavelito.
Quien no quiera verlo, los ciega la estatura que ha tomado con la defensa de la soberanía de nuestra nación. Son los chayoteros que sólo ven lo negativo de sus acciones y no la relevancia de sus hechos.

La mera neta.
De ser acusado de lavado de dinero y obtener unas órdenes de aprehensión por la misma causa, ahora es un ejemplo de defensor de la patria.
¡Ni Francisco Cabeza de Vaca se atrevió a tanto!

El control de daños resulta tardío.
Para los gringos y para los mexicanos.
Finalmente, dicen algunos, resultó un vil pocho, es decir, ni de aquí ni de allá.

Lo hecho, hecho está.
Doña Maky está peor; pero es tan lángara y gaviotona que no lo dice.
Se lo guarda bajo la manga.
Su visión conservadora se la guarda bajo la piel con celo y discreción.
Sabe que su supervivencia en la IV T está en función del ocultamiento de su forma de pensar prianista.

El muchachito, más inexperto, deja salir involuntariamente sus tendencias.
Falta que un día de estos nos dé la nueva de que no se casa; que los chismosos lo malentendieron.

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