Con información de Animal Político

El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha intensificado la incertidumbre entre los migrantes en la frontera con Estados Unidos, especialmente en ciudades como Tijuana, donde la tensión es palpable. Con su promesa de implementar un enfoque más duro hacia la inmigración ilegal, Trump ha dejado claro su objetivo de frenar lo que considera una “invasión” en la frontera sur de Estados Unidos, una retórica que ha elevado el temor entre aquellos que buscan refugio.

“Todos los migrantes estamos muy nerviosos y con mucha incertidumbre de lo que puede pasar”, expresó Andrea, una migrante poblana que busca asilo en los Estados Unidos debido a las amenazas del crimen organizado en su país. La joven de 17 años se encuentra en Tijuana, una de las ciudades más afectadas por las políticas migratorias que, a horas de la toma de protesta de Trump, se ve en vilo ante la posibilidad de que se cancelen las citas programadas para solicitar asilo a través de la aplicación CBP One, que ha sido una herramienta clave para miles de personas.

Las promesas de Trump de realizar deportaciones masivas y eliminar la CBP One aumentan la ansiedad entre los migrantes. Según el Colegio de la Frontera Norte (Colef), se calcula que hasta 4.9 millones de mexicanos están en riesgo de ser deportados durante el segundo mandato del presidente republicano. Mientras tanto, activistas y migrantes han organizado protestas en Tijuana, como la que se vivió este domingo en Playas de Tijuana, exigiendo un trato digno y más claridad en las políticas migratorias.

“Queremos trabajar en Estados Unidos. Los de la maña me quemaron todo: mi casa, mi carro, mi rancho, hasta los perros. No sé qué más hacer, tengo que llegar allá”, comentó Javier, un migrante michoacano que lleva meses esperando su cita para la CBP One.

La incertidumbre también afecta a los albergues en Tijuana, que se encuentran al borde de la saturación. Albert Rivera, director del albergue Agape, señala la falta de recursos y de un plan integral para atender a los migrantes deportados, quienes, sin identificación, podrían enfrentarse a graves problemas para acceder a trabajo formal, salud o servicios bancarios.

Por su parte, José María García, director del albergue ‘Juventud 2000’, advirtió que muchos migrantes preferirán quedarse en Tijuana en lugar de regresar a sus comunidades, lo que podría intensificar los cruces ilegales a Estados Unidos y los riesgos asociados.

Además de las preocupaciones por las deportaciones masivas, los activistas también denuncian el impacto psicológico de estas políticas en las familias separadas y los migrantes deportados después de vivir muchos años en territorio estadounidense. Ángel Valencia, un hombre deportado tras vivir toda su vida en San Diego, relató lo difícil que fue ser expulsado sin un proceso adecuado.

Ante la incertidumbre, los albergues de la sociedad civil en Tijuana realizaron una protesta simbólica para exigir al gobierno de Trump un trato más justo y humano. Los manifestantes, con pancartas que rezaban “Trump, los migrantes somos trabajadores, no criminales”, también propusieron un “boicot económico” a los productos estadounidenses en respuesta a las políticas del presidente.

La situación no se limita a Tijuana. En otras zonas fronterizas como Ciudad Juárez y Chihuahua, la preocupación es creciente, ya que miles de migrantes temen por su futuro inmediato ante la falta de claridad sobre el futuro de la CBP One y las posibles deportaciones.

Con las políticas migratorias de Trump tomando forma, los migrantes continúan luchando por una oportunidad en Estados Unidos, mientras la tensión en la frontera crece, sin saber con certeza qué les deparará el futuro.

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