
Fuentes fidedignas. Por: Isaias Alvarez
Como dice el popular refrán, el que la hace, la paga, tarde o temprano. La reciente detención de Rómulo Garza, exsecretario de Bienestar durante el gobierno de Cabeza de Vaca, es una de esas señales que nos hacen creer que la justicia, aunque lenta, en algún momento llega. Por años, el cabecismo operó con descaro, con la creencia de que nunca habría consecuencias. Hoy, ese pensamiento comienza a derrumbarse.
Rómulo Garza no fue un peón cualquiera. Su captura marca el principio de lo que parece ser una nueva etapa en la política estatal: la de las cuentas claras y los expedientes abiertos. Porque detrás de él, hay una fila larga de nombres que todos conocemos y que durante mucho tiempo parecían intocables. La pregunta ya no es si caerán, sino cuándo.
Durante dos años, muchos tamaulipecos se preguntaron por qué no había avances en la justicia. ¿Por qué no pasaba nada con los expedientes del exgobernador y sus colaboradores? La respuesta es simple: las instituciones encargadas de actuar estaban controladas por los mismos que debían ser investigados. Fiscalía, Auditoría, Congreso, Poder Judicial… todo estaba amarrado para proteger a los que saquearon el estado. Pero ahora, las cosas parecen ser distintas.
Francisco García Cabeza de Vaca huyó antes de terminar su mandato, dejando un estado en ruinas y, además, sin hacer entrega formal de su administración. Más que una salida, fue una confesión: se iba porque sabía lo que había hecho. Y aunque sus aliados intentaron seguir protegiendo su legado, la realidad es que las instituciones ya no están en sus manos, y los expedientes que antes estaban guardados ahora comienzan a salir a la luz.
La detención de Rómulo Garza es solo el inicio. Hay 86 expedientes más esperando turno, y en ellos no dudamos que estén los nombres que todos conocemos: Ismael García Cabeza de Vaca, César «El Truko» Verástegui, Yahleel Abdala, entre otros. Gente que durante años se enriqueció sin importarles el daño que le hacían al estado. Ahora, con la justicia pisándoles los talones, más de uno debe estar preocupado. ¿Y cómo no estarlo? Si hay algo claro, es que, en este nuevo capítulo de Tamaulipas, la impunidad no tiene lugar.
Claro, habrá quienes digan que todo esto es una persecución política, un ajuste de cuentas. Pero no lo es. Esto se trata de un estado que por fin se atreve a enfrentar a los responsables de su peor crisis. Y no es venganza, es justicia. Los tamaulipecos merecen que se repare el daño y que nunca más alguien vuelva a creer que puede jugar con el dinero y el futuro de este pueblo.
En la vida pública, el poder se siente eterno, pero no lo es. Hoy, los que se creían los dueños del corral están enfrentando el peso de sus decisiones. Rómulo Garza es la primera ficha, pero no será la última. Y aunque este proceso no devolverá todo lo que se perdió, al menos nos recuerda que, tarde o temprano, todos los que saquearon Tamaulipas, enfrentarán su destino.






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