
EL INQUISIDOR
LUIS ARMANDO VARGAS TORRES
“La vibración es la clave de la creación y la conciencia la clave de la vibración.”
— Deepak Chopra
“Tu realidad es el reflejo de tu energía interna”, decía el desaparecido Jacobo Grinberg. En sus libros, Grinberg explica ampliamente la frecuencia vibratoria, que es la calidad de energía que emana de nuestro ser. Nuestra energía se compone de la suma de emociones, pensamientos, léxico, creencias y acciones. Nuestra frecuencia interna atrae la realidad externa que experimentamos. Es fundamental comprender que todo lo animado e inanimado tiene una vibración energética, y nosotros, como humanos, no somos la excepción.
En términos sencillos, querido lector, permítame explicarle que existen altas y bajas frecuencias energéticas. Nuestro país, poco a poco, ha ido elevando su frecuencia energética. Nuestra sociedad progresa, los salarios se fortalecen y la economía entra en un proceso de bonanza. Grandes inversores de varios continentes llegan a México encantados porque se ha roto un ciclo de baja frecuencia energética.
En las familias sucede algo similar. Los sectores más vulnerables, como niños, estudiantes, adultos mayores y personas con discapacidad, ahora cuentan con ingresos a través de programas sociales. Además, el sector salud comienza a fortalecerse de manera sustantiva. Esto trae, en estas festividades, un sentido de holgura y tranquilidad.
Pareciera que defiendo acciones gubernamentales, pero no es así. Simplemente, al haber un cambio en la realidad, se eleva el nivel vibratorio de la población. Al cambiar los pensamientos, controlar las emociones y privilegiar la armonía, la felicidad llega, y la mente se abre para observar el mundo como es.
El ser humano lleva inherente tanto lo positivo como lo negativo, que se adhieren a sus emociones. Según cómo estas se apliquen en el entorno, nos permitirán crecer o fracasar. Por ello, este año, para algunos habrá sido malo o catastrófico, mientras que para otros, de regular a excelente. Sin embargo, debemos recordar que nada es fijo. El fracaso puede ser benéfico si se analiza en qué se falló y se retoma el camino. De igual forma, no todo éxito es positivo, pues también puede conducirnos a la comodidad excesiva.
A veces creemos que ganamos, pero en realidad perdimos; y otras veces, perdemos, pero en realidad ganamos. El enfoque energético es vital. Por ello, debemos tener muy claro hacia dónde vamos y enfocar nuestras baterías en lograr las metas deseadas.
Este fin de año, muchos perdimos seres queridos, fuimos víctimas de injusticias, recibimos el apoyo y aprecio de amigos y familiares, nos solidarizamos con causas justas y cometimos errores. Pero es de sabios corregir. La otra cara de la moneda es la bendición de la salud, la paz en el hogar, los éxitos laborales y las expectativas que se abren porque seguimos viviendo.
El año 2025, viéndolo en términos esotéricos, nos depara un cierre de ciclos y cambios radicales en muchas vidas. El 2024 suma 8, un número que simboliza el infinito y predominará en este nuevo año. Se abren expectativas de cambio hasta donde lo decidamos.
Habrá cambios de trabajos, jubilaciones, rompimientos de matrimonios y amistades, pero también surgirán nuevas uniones y asociaciones. Empresas fracasarán, imperios caerán, y gobiernos que se han sostenido con alfileres colapsarán. México ya está viviendo este cambio drástico. La Suprema Corte de Justicia de la Nación y todo el Poder Judicial, algo que parecía imposible de transformar, cambiarán en 2025.
Por ello, este año que inicia es propicio para cambiar lo que debe cambiar, corregir lo que no ha funcionado y emprender nuevos proyectos, estudios o matrimonios. A quien se decida a actuar, le irá bien.
Deseo a todos mis lectores un feliz 2025, lleno de amor, paz, armonía y, sobre todo, mucha abundancia y salud.





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