La Comuna



José Ángel Solorio Martínez

Al parecer, la clase política panista fue contaminada por las prácticas y estrategias de Francisco García Cabeza de Vaca. El exgobernador inauguró una época en la política tamaulipeca: ejercer el oficio con un amparo en la bolsa, andar a salto de mata con la justicia pisándole los talones, con la ansiedad que produce estar a unos metros de la ergástula.

Muchos deben ser los réditos por su labor, para que soporten con estoicismo y hasta con disfrute de la adrenalina de ser perseguidos. Mucho debe ser el dinero que llevan en sus alforjas para vivir bajo la tensión y la presión de la ley.

De Cabeza de Vaca se puede decir que es su estilo; el cual delineó desde sus más tempranos años, y que los millones y millones de pesos, incluidos bienes inmuebles y muebles, le hacen más placentera la evasión. Tiene varios años huyendo de los sabuesos mexicanos. En Texas ha hecho su búnker, desde donde lanza críticas al gobierno de Claudia Sheinbaum y al gobernador Américo Villarreal Anaya.

Se suma a esa forma de hacer política la nuevolaredense Yahleel Abdala Carmona. Ahora presume un amparo contra todas las policías del estado, para evitar ser puesta en manos de la fiscalía. A la ex priista y ahora distinguida panista se le acusa de escamotear varios millones de pesos en los tiempos que estuvo frente a los programas sociales de gobierno del estado.

Seguirá entonces la narrativa que el panismo ha utilizado en esos casos: persecución política, venganza, represión. Y continuará el combate en los tribunales. Los resultados, concluyan en lo que concluyan, serán indiferentes para los tamaulipecos en tanto no se sepa dónde pararon los dineros públicos y por qué no regresaron a manos del pueblo. Esa sí sería una novedad.

Desde que se tenga memoria, los pillos, ladrones, truhanes de cuello blanco han sido perdonados recurrentemente por la justicia tamaulipeca. Desde aquel tesorero, Mario Cruz Ayala, que saqueó el erario y fue perdonado por el entonces gobernador, Manuel Cavazos Lerma, hasta Pedro Hernández Carrizales, que nos expolió con la carretera Rumbo Nuevo –salvado por Tomás Yarrington–, la delincuencia de cuello blanco ha transgredido la ley sin que se les toque ni un solo pelo.

Lo más deplorable de esos asuntos es que esos fondos fueron utilizados para recuperar la honorabilidad de los mismos infractores: miles de millones de dinero público se fue al caño sin que los afectados supiéramos a dónde fueron a parar.

Así Abdala Carmona. Andará escapando de la justicia por años; para entonces, el olvido será su sentencia. Algo debe cambiar en el sistema de justicia. El señalamiento moral dejó de tener carácter disuasivo. Los bolsillos son la parte más sensible de esos engendros sociales.

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