DIAS DE REYNOSA
POR HUGO REYNA
-SIMBOLOGÍA-

La estadística de nacimientos registrados difundida ayer por el INEGI arroja interesantes resultados a considerar. Al menos un 86% de los partos registrados en el año 2023, que ascienden a 1 millón 820,888, recibieron atención médica en una institución hospitalaria.

El 86% de estos partos estuvieron asistidos por personal médico. Siguiendo la estadística, al menos el 49% de las parejas admitieron vivir en unión libre, y apenas un 28.7% en matrimonio. Alrededor de un 30% de las mujeres que dieron a luz por primera vez fue en el rango de edad de los 23 a 29 años, y en el caso de los hombres, de los 27 a 32 años de edad.

Y aún más: Tamaulipas, como otras entidades del país, registró las tasas de nacimientos más bajas durante el periodo de la pandemia por COVID-19.

Por ejemplo, en el año 2020 apenas se registraron 842 nacimientos; en 2021 fueron 968, y a partir de 2022 (pasada la emergencia sanitaria) “se recuperó” la tasa de nacimientos en Tamaulipas con 7,997. En 2023, subió a 31,503. Es evidente que, con esta cifra de nacimientos, la pandemia era cosa del pasado.

Los hechos de Veracruz y Matamoros, en donde el presidente Andrés Manuel López Obrador tuvo que enfrentar audiencias enardecidas—principalmente trabajadores del Poder Judicial—obligan a plantear la necesidad de estrechar los mecanismos de seguridad presidencial.

Aquel botellazo lanzado por un presunto morenista identificado expuso la vulnerabilidad con la que el presidente desestima las medidas de seguridad. Puede matizar y advertir que “el pueblo bueno” lo protege, pero la seguridad del titular del Ejecutivo no puede ser algo que se tome a la ligera.

Desapareció el Estado Mayor Presidencial, que era un órgano encargado de la seguridad personal del presidente, su familia y personajes relevantes en la vida del país.

El general Ricardo Trevilla Trejo, próximo secretario de la Defensa Nacional a partir del 1 de octubre, deberá imprimir un formato más serio al tema de la seguridad presidencial.

Más aún cuando se trata de proteger la seguridad de la primera mujer presidenta de México, que no está tan familiarizada con la temática militar y sus protocolos.

Cinco años después de haber iniciado las obras del Museo del Ferrocarril en la zona centro, finalmente será inaugurado, teniendo bajo protesta la ceremonia de transmisión de poderes a nivel municipal.

600 millones de pesos después—además de tres doritos—la simbología del Museo del Ferrocarril representa la insignia del derroche, opacidad y corrupción, sin contar que ha sido la obra más larga en durabilidad, y aún no está concluida del todo.

Dos administraciones municipales repartieron en forma discrecional contratos, beneficios y proyectos de esta obra en la peor área urbana de la ciudad. Ahora resulta que, para efectos de “estética”, el Ayuntamiento ha emitido un ordenamiento para retirar cuanto puesto ambulante haya alrededor del complejo, por el solo hecho de “afear” el área frente al museo.

Por cierto, la inauguración a medias, por aquello de que les gusta “inaugurar” obras a medias, será hoy viernes con la ceremonia de “toma de protesta” de un alcalde reelecto que ha dejado en claro que los tres años por venir representarán más de lo mismo que los reynosenses conocen y conocen sobradamente.

Basura por doquier, calles inundadas de aguas fétidas, baches y “caídos” a granel, ausencia de alumbrado, falta de áreas verdes, ausencia de estrategias preventivas de accidentes y seguridad vial, sin diálogo con la sociedad y organismos, así como un total desconecte con lo que realmente necesita esta ciudad. Y no solo el culto a su imagen pública, en donde eso sí, allí se derrochan millones de pesos en alimentar una megalomanía sin límite.

En suma, viene una reedición de más de lo mismo, y Reynosa tendrá que soportar y aguantar durante tres años más por parte de una familia cacique enquistada en el poder, y en donde una corte de aduladores los sigue. Poco se puede esperar de este próximo gobierno municipal, cuyo emblema principal ha sido la ineptitud.

P.D. El pasado 11 de septiembre, el alcalde de Reynosa rindió su Tercer Informe en el salón “La Cantera”. Fue bajo un riguroso operativo de acreditación, accesos controlados y solo “amigos” y algunos invitados, que por necesidad fueron convocados. El pueblo bueno y sabio fue ignorado, no “desinvitado”, pues nunca hubo una convocatoria para ellos. Fue igual que su celebración de la Noche del Grito, un evento para celebrar cómodamente en Palacio Municipal con vinos y viandas, mientras los reynosenses, tras una espera de horas, “disfrutaron” estar concentrados bajo la lluvia, observando el espectáculo de un intérprete de corridos tumbados que cobró 50,000 dólares por una hora de “concierto”. Nadie se quejó entonces, mucho menos hubo publicación alguna de indignación de Doña Maki.

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