La Comuna
José Ángel Solorio Martínez

El diputado local morenista por Madero, Tamaulipas, Claudio De Leija Hinojosa, quedó fuera de la jugada. Su imprudencia y falta de sentido común lo sacaron de todo proyecto en lo que se considera la disputa por la alcaldía. Llevado al Congreso del Estado por recomendación de un expresidente, le ganó la ambición.

Intentó comunicarse con el gobernador.
Una vez.
Dos veces.
Tres veces.
Cuatro veces.
Cinco veces.
Seis veces.
Siete veces.
Ocho veces.
Nueve veces.
Diez veces.
Y nada.

Hasta que, por fin, del teléfono del gobernador salió una llamada.
Para el diputado De Leija.

Emocionado, el legislador respondió.
—Gobernador…
—No. No soy el gobernador.
—¿?
—El gobernador tiene más de 10 llamadas suyas. Me pidió que le diera un mensaje: no tiene nada que hablar con usted. Si requiere algo del Congreso, ahí está el Coordinador. Y si necesita algo referente a la ciudad, ahí está el alcalde, Erasmo González.

El diputado quedó helado.
No volvió a llamar.

Se infiere que no se ha sabido nada del legislador en la oficina del gobernador. Si algo ha caracterizado a Claudio, es su insensatez. Desde sus tiempos de diputado por el PRD, De Leija ha sido enfadoso, encajoso. Llamaba al entonces gobernador a altas horas de la noche, nada más para saludarlo.

No tuvo tiempo para verificarlo el legislador; el gobernador tampoco tuvo tiempo de constatarlo. El motivo de su llamada quedó en el misterio.

Todos se quedaron con la duda de qué era lo que quería el diputado. No se sabe si deseaba felicitarlo por su cumpleaños o pedirle la alcaldía. O las dos cosas.

Lo que sí es cierto, es que el legislador Claudio no ha vuelto a llamar a partir de ese día. Quizá entró en razón.

Porque, dicen los que saben, que siempre que intentaba hablar con el “preciso”, andaba con unas copas de más.

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