Fuentes fidedignas. Por: Isaías Alvarez
En muchas partes del Estado, la política se convierte a menudo en un teatro de lo absurdo, donde las críticas parecen volar más alto que las propuestas o las acciones concretas. En Nuevo Laredo, personajes como Yahleel Abdala Carmona resaltan, no tanto por lo que hicieron en su momento al frente de responsabilidades públicas, sino más bien por lo que no hicieron. Y ahora, en un giro que raya en lo irónico, por lo que critican.
Abdala Carmona, junto con su equipo de compañeros panistas como Imelda Sanmiguel, Moyo García y Enrique Rivas —este último, apodado «robas» por razones que dejan poco a la imaginación—, se ha posicionado como una voz crítica frente a la reciente remodelación del Parque Viveros. Este proyecto, liderado por la alcaldesa Carmen Lilia Canturosas, ha sido blanco de dardos azules, atacando aspectos tan superficiales como la fachada de la obra. Pero, ¿qué tan válida es esta crítica viniendo de quien viene?
La situación se torna aún más peculiar cuando recordamos el paso de Abdala Carmona por la Secretaría de Bienestar Estatal. Su gestión quedó marcada no por logros o avances significativos para Nuevo Laredo, sino por observaciones millonarias que la Auditoría Superior de la Federación aún tiene en su lista de pendientes. La ironía de criticar una obra que claramente busca mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, mientras se tienen asuntos tan graves en el tintero, es, cuanto menos, llamativa.
Mientras Canturosas ha inaugurado un espacio renovado, destinado al disfrute y la recreación de las familias de Nuevo Laredo, Abdala Carmona parece más interesada en señalar defectos que, en comparación con los beneficios tangibles del proyecto, parecen insignificantes. El Parque Viveros no es solo un conjunto de nuevas instalaciones; es un símbolo de un gobierno que busca devolver a la comunidad espacios que fomenten el bienestar y la unión familiar.
Este esfuerzo contrasta marcadamente con la decisión de Abdala Carmona de cerrar los Tamul durante su gestión, privando a la comunidad de espacios esenciales para su desarrollo y bienestar. La discrepancia entre las acciones de uno y otro lado es abismal. Por un lado, tenemos un proyecto que invierte recursos en crear un entorno seguro, inclusivo y divertido para las familias. Por el otro, decisiones que se recuerdan más por lo que quitaron que por lo que aportaron.
La crítica, cuando es constructiva, es esencial para el crecimiento y la mejora continua de cualquier sociedad. Sin embargo, la crítica por sí misma, especialmente cuando viene de figuras que han dejado tanto que desear en su propio historial de servicio público, pierde peso y se siente carente de genuina preocupación por el bienestar colectivo.
Nuevo Laredo está en un momento crucial. Necesita líderes que, más allá de las críticas y las diferencias políticas, pongan en primer lugar las necesidades y el bienestar de sus habitantes. La transformación del Parque Viveros es un paso en la dirección correcta, una inversión en el futuro de la ciudad que debería ser aplaudida, no desestimada por quienes parecen tener más interés en la política partidista que en el progreso real de la comunidad.






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