sin Filtros; por Brenda Ramos
La transformación no debe ser otra palabra echada al viento, como tantos discursos que prometen cambios y soluciones ansiadas sin hacerse realidad. La victoria de Américo Villarreal sí corresponde con la definición de progresar o evolucionar, y por eso la gente está satisfecha. Pero Blanca Valles es todo lo contrario a la idea más simple de transformación.
Blanca Valles es la secretaria general del Sindicato Único de Trabajadores al Servicio de los Poderes del Estado de Tamaulipas desde 1994, es decir, desde que no existía internet, ni YouTube, ni redes sociales, y la gente usaba un teléfono fijo en sus casas para comunicarse con alguien. Así de lejana es la época en que inició como líder sindical, y así de arcaica es su cultura política.
Ahora, entrado el siglo XXI, se presenta nuevamente como candidata a la secretaria general en la elección que se verificará el próximo 14 de septiembre. A diferencia de los procesos del siglo pasado, está vez enfrentará una competencia real con otros aspirantes, como el ya conocido Armando Trejo Moreno, Joel Vázquez Barrón, Zulema García Lerma y Josefina Garza Montero.
Esta mujer no conoce el significado de perder; acumula 29 años continuos como secretaria general, siete reelecciones y ocho periodos como líder del sindicato de burócratas. Tanto tiempo solo puede comprarse con el exlíder cubano Fidel Castro.
En las naciones, en las sociedades y en todos los grupos que son conducidos por una persona, es preferible que los liderazgos circulen y se renueven, como la sangre en el cuerpo, ya que la parálisis pudre a la organización. Con Blanca Valles convertida en eterna secretaria general, el Sindicato Único de Trabajadores al Servicio de los Poderes del Estado de Tamaulipas está podrido.
Hartos de la apropiación de Blanca sobre el sindicato, el Movimiento Unidad y Fortaleza, grupo disidente dentro del gremio, acusó a la dirigente de perpetuarse en la secretaría general por medio del fraude, la amenaza y la complicidad de gobernadores corruptos.
En opinión de esta corriente, Blanca Valles se ha mantenido por ocho periodos consecutivos debido a la manipulación de los estatutos, a arreglos con las autoridades laborales y a la violación de los derechos de los burócratas.
Ella no representa a los trabajadores del Estado; solo se representa a sí misma, a sus parientes y a sus consentidos. De promociones, capacitación, incentivos, defensa del derecho laboral, no quiere saber nada ni se preocupa en absoluto.
Se reeligió en 2019, pasando por encima de sus compañeros y de la exigencia de elecciones limpias y democráticas. Ya se habían aprobado las reformas legales que obligaban a los sindicatos a organizar elecciones por voto secreto y libre, pero ella montó una con delegados a mano alzada. Para ello contó con la complicidad de Francisco García Cabeza de Vaca, cuya Secretaría del trabajo le aceptó la toma de nota.
Esto sería motivo suficiente para que los tamaulipecos, y en particular los sindicalizados del estado, retiraran a Blanca Valles de la secretaría general. Ella no permite ni la democracia, ni la transparencia, ni la rendición de cuentas ni, el desarrollo de la clase trabajadora.
Blanca Valles es el pasado que la Cuarta Transformación se propuso erradicar del país y en concreto de Tamaulipas. Es el PRI, el PAN, los cacicazgos, el tráfico de influencias, la política utilizada para beneficio personal, y el abuso de poder.
Cuando los tamaulipecos votaron por el doctor Américo Villarreal, estaban pidiendo un cambio de rumbo, un resurgimiento de la forma de gobernar, una transformación, como la llama el presidente López Obrador.
Revisando su trayectoria, es fácil entender que Blanca Valles no representa este salto de época ni un nuevo futuro para el estado. Ella no está incluida en la Transformación de Tamaulipas. Ah, pero eso sí: no es la única. Mañana le contaremos de una serpiente sindical que anda suelta.






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