Sin Filtros; Por Brenda Ramos
Reynosa ha vuelto a ser noticia nacional en el tema de seguridad; las cámaras de videovigilancia instaladas en las avenidas fueron derribadas el domingo 20 de agosto. Con esto, la indefensión de los ciudadanos se agudiza y la desesperanza se adueña de la ciudad. Por desgracia, hay un nuevo padecimiento en este municipio: la indiferencia de sus autoridades y representantes.
Leer los comentarios de los reynosenses y las publicaciones de sus servidores públicos genera confusión mental en el observador: por un lado, reclamos, denuncias y súplicas, un mundo apocalíptico; por el otro, la ‘buena vibra’, los restaurantes y las poses felices, un mundo color rosa. Pocas horas después de la destrucción de las cámaras, el alcalde Carlos Peña saludaba festivo desde las redes sociales como si nada malo hubiera pasado, o como si no le incumbiera lo sucedido.
De un tiempo a la fecha (más bien, a medida que se acercan las campañas), las publicaciones del edil se alejan más y más de la realidad. Mientras él habla emocionado de sus proyectos, los ciudadanos preguntan en grupos privados, de una colonia a otra, si alguien tiene agua en sus casas o si hay balaceras en su sector.
La gente no sabe si tomar a burla o preocupación estás actitudes, ya que nadie puede asegurar si Carlos Peña actúa de manera consciente o si ya se ha vuelto loco de remate. En cualquiera de los dos casos, es imposible contar con él.
Aunque lo parezca, no tiene ni una pizca de gracia esta situación. ¿Qué le espera a los reynosenses, asolados por la delincuencia y la falta de servicios, si el alcalde difunde una imagen equivocada de la ciudad? Lamentablemente, los representantes del Congreso Local y Federal actúan idéntico, y el abandono ciudadano se hace completo.
Sequía, robos, balaceras, marginación, nada de eso tratan los legisladores reynosenses en sus redes sociales. Su interés está en la autopromoción.
Por ejemplo, el diputado local Humberto Prieto, quien alguna vez perteneció al PAN, no oculta su interés por la candidatura de Morena a la alcaldía de Reynosa. “Soy de los que más ha presentado iniciativas; soy de los primeros”, gusta decir. Ojalá que proponga algo urgentemente para fortalecer la seguridad de su municipio en vez de repetir tantos autoelogios.
Luis el “Cachorro” Cantú también trae la cabeza entre las nubes y juega con la posibilidad de buscar la misma alcaldía para el PAN. De propuestas para pacificar a Reynosa o promover su desarrollo no le pregunten. Su discurso monótono es criticar por cualquier pretexto a la Cuarta Transformación, aunque nadie lo escuche.
La diputada local Magaly Deandar, de Morena, ya compite con Carlos Peña y el Cachorro, pero no por algún cargo público sino por ver quién se aparta más de la realidad; y no lo hace mal. Se ufana de buscar la senaduría por Morena, pero muchos tamaulipecos ni saben de dónde es; más aun, ni siquiera están enterados de que es diputada.
Promoción y más promoción echa por la casa (es decir, por redes sociales) el legislador Marco Antonio Gallegos, de quien la gente guardaba grandes esperanzas. El mejor momento para ganarse a la gente es ahora y es con ideas prácticas, con propuestas realistas, con todo lo que ha dejado de hacer Gallegos en dos años.
Los servidores públicos desempeñan un papel esencial en el funcionamiento de cualquier sociedad. Sin embargo, en ocasiones, se observa que algunos de estos funcionarios priorizan su promoción personal sobre el cumplimiento de sus responsabilidades hacia la comunidad.
Ediles y diputados están llamados a ser agentes de cambio positivo en la comunidad. Su misión radica en abordar los problemas comunitarios y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Al priorizar su promoción personal, estos individuos desvían su atención de la esencia misma de su rol y generan un conflicto de intereses entre sus ambiciones personales y las necesidades de la población.
Cuando los servidores públicos dedican más tiempo y recursos a construir su imagen personal en lugar de responder a las demandas de la sociedad, erosionan la confianza del público en la integridad y eficiencia de la administración. Esto puede conducir a la desafección ciudadana y la percepción de que los intereses personales prevalecen sobre el bienestar general.
La atención dividida entre la promoción personal y la atención a las necesidades de la sociedad puede resultar en una gestión ineficaz de los recursos públicos. Los proyectos y políticas que se implementan pueden carecer de la urgencia y dedicación requeridas para lograr resultados concretos.
La promoción personal excesiva también puede traducirse en la omisión de oportunidades valiosas para mejorar la sociedad. Los servidores públicos que están obsesionados con su propia imagen pueden dejar de lado iniciativas transformadoras en favor de acciones que les aseguren visibilidad y reconocimiento inmediato. Esto limita la capacidad de abordar problemas de fondo y generar un impacto duradero.
Es indispensable que los funcionarios públicos mantengan una dedicación sincera a su misión y eviten caer en la trampa de la búsqueda excesiva de reconocimiento personal. Solo así podrán cumplir su verdadero propósito y contribuir al avance de la sociedad que sirven.
Mientras pulían su imagen, grupos desconocidos derribaban 39 cámaras de videovigilancia. El vocero de Seguridad Pública salió a anunciar que la ciudad no está desatendida, pues cuenta con más de mil cámaras. Lástima que aún le falten los ojos de Carlos Peña, Luis Cantú, Magaly Deandar, Humberto Prieto y Marco Antonio Gallegos.






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