Sin Filtros; por Brenda Ramos

En 2010, Tampico era una de las ciudades más peligrosas del país y una de las primeras en delitos de alto impacto. Su nombre sonaba dentro y fuera de México, pero para mal. En el punto más bajo de la crisis, secuestraron a una treintena de empresarios y figuras de la ciudad, entre ellos los ex alcaldes Arturo Elizondo y Fernando Azcárraga.

La inseguridad, sin un trabajo constante y sin la voluntad política de las autoridades, es también un cáncer incurable del que ninguna ciudad se levanta.

Así pintaba el histórico puerto mexicano en 2009, 2010 y 2011, una ciudad abandonada por los empresarios y sumida en el miedo.

En 2023, la casa encuestadora Rubrum preguntó a los habitantes de las principales urbes del país qué calificación le asignaba a la suya en el tema de la seguridad. Y el resultado ha roto los esquemas conocidos hace 13 años: Tampico es hoy la ciudad más segura de México, con una calificación de 8, no en voz de publicistas sino de los ciudadanos.

No fue un milagro ni un poder mágico lo que la salvó de la ruina. Como decíamos arriba, hubo trabajo y decisión política para liberar a Tampico de tan pesadas cadenas. Hasta el turismo, que ya se había retirado a causa de la violencia, regresó al puerto.

En el estudio elaborado por Rubrum, se le planteó también a los encuestados el siguiente asunto: “¿Cómo califica usted el trabajo realizado por el presidente municipal, donde la calificación más alta es 10 y la más baja es 1?”.

De toda la república, el promedio de calificación más alto fue de 8.12, y el alcalde merecedor del primer lugar fue Chucho Nader Nasrrallah, de Tampico.

En la actualidad, ninguna otra figura del Partido Acción Nacional tiene más influencia y aprobación que Nader Nasrrallah, gracias a sus resultados y avances. Su fama ha llegado incluso a todos los municipios del estado, donde la gente ya quisiera tener un poco de lo que ven los tampiqueños. Ya lo quisieran en Reynosa, por ejemplo, donde gobierna un alcalde bisoño, indeciso y denunciado penalmente por lavado de dinero.

Increíblemente, no son los morenistas los que buscan perjudicar, con fines políticos, la buena imagen de Nader, sino sus compañeros del PAN, liderados por Francisco García Cabeza de Vaca, único y verdadero capitán de ese barco agrietado a punto de naufragar.

Los excelentes resultados del tampiqueño no significan nada para el exmandatario, aunque eso implique una gigantesca contradicción. El motivo de conflicto es que Cabeza de Vaca está acostumbrado a tratar con lacayos, como su hermano Ismael, Luis Cantú, el Moyo García Aguiar o Gerardo Peña, y Chucho, en cambio, le resulta imposible de domar.

Cabeza de Vaca podrá tener el poder real dentro del partido, el que decide o quita candidaturas, pero el alcalde de Tampico tiene el poder por excelencia: el respaldo ciudadano, que en estos casos es respaldo electoral. Consciente de ello, el reynosense se ha dejado vencer por la envidia y el resentimiento, y ahora urde golpes para frenar el ascenso de Nader Nasrrallah.

De forma burda, Luis Cantú, presidente del PAN Tamaulipas, ha promovido la desaparición del Comité Municipal en Tampico ante el Comité Ejecutivo Nacional. Con esto, busca imponer a un delegado bajo las órdenes suyas y prácticamente cerrar toda posibilidad a Chucho y su equipo de ocupar candidaturas en 2024, no obstante las altas calificaciones de su gestión.

En su solicitud, Cantú acusa a la diputada local Nora Gómez, aliada de Chucho y presidenta del PAN en el puerto, de votar a favor de iniciativas de Morena en el Congreso del Estado. Argumento más ridículo no se le pudo ocurrir al Cachorro, ya que atenta contra los derechos políticos de un legislador, que es votar sin coacción, amenaza ni intereses particulares. En el fondo, Cabeza de Vaca quiere acabar con el liderazgo de Chucho, pero a su manera: arteramente y con trampas.

Difícilmente validarán las razones de Cantú para desaparecer el comité municipal y la presidencia de Nora Gómez. Y en caso de que lo hicieran, un tribunal podría corregir la aberración.

Lo que resulta ya incorregible es el estigma perdedor del cabecismo y sus cuates, principalmente Luis Cantú, Gerardo Peña e Ismael García, trio de candidatos fracasados que han mordido el polvo cada vez que compiten en elecciones de mayoría. Por eso les urge borrar al comité de Tampico, para cubrir las plurinominales a su gusto.

Con ese atentado a la legitimidad de Chucho y su grupo en el PAN, solo se agiganta la imagen del alcalde de Tampico, convertido ya en el mejor panista de Tamaulipas, aunque le pese a los hermanos García Cabeza de Vaca.

Estamos ciertos de que Chucho Nader aún tiene un amplio futuro en el servicio público, porque lo avalan sus resultados. Más aún, estamos ciertos de que estará presente en las elecciones de 2024.

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