Sin Filtros; por Brenda Ramos
Le quedan 469 días a los diputados locales de Tamaulipas para seguir disfrutando de sus dietas, sus prerrogativas y, sobre todo, del poder. El tiempo pasa volando y muchos experimentan la ansiedad de no saber qué hacer después, ya que todos los privilegios que hoy manejan desaparecerán. Una de esas es Úrsula Salazar Mojica, presidenta (que no líder) de la Junta de Coordinación Política. Jamás, en toda su existencia, imaginó estar ahí, y ahora busca desesperadamente continuar en el presupuesto público.
Sin ángel, sin carisma y sin cultura, Salazar Mojica está condenada a perder cualquier votación si la ponen a competir por un cargo de mayoría; a personas grises como ella les convienen las posiciones plurinominales, esas que no hacen campaña ni compromisos con la gente.
De hecho, ella es diputada local gracias a este sistema de reparto y no por el voto directo. “Propiamente, yo no hago campaña porque soy diputada local electa plurinominal, en la posición número uno”. Con estas palabras, recogidas por un medio de comunicación de Tampico, Úrsula Salazar reconoció haber sido favorecida para llegar al Congreso del Estado.
Miente cuando dice que ha trabajado desde 2006, de sol a sol, con Andrés Manuel López Obrador. La que hizo eso fue su mamá, Úrsula Mojica Obrador, quien sí es prima hermana del Presidente y auténtica fundadora de Morena. Por desgracia, ella enfermó de Covid 19 y lamentablemente falleció en 2020.
El mismo tabasqueño, cuando se conocieron unas grabaciones en las que la diputada parecía sostener arreglos deshonestos con un contratista, desconoció a su sobrina y negó tener contacto con ella.
A pesar del rechazo, Mario Delgado, agradecido por la lealtad a la causa su mamá, promovió a Salazar Mujica en la primera posición de las diputaciones locales plurinominales de la elección de 2021.
Ella, en lo personal, no representa absolutamente nada para el movimiento obradorista, ni para la izquierda, ni para las luchas sociales en Tamaulipas (la más importante de todas: la búsqueda de personas desaparecidas). Úrsula Salazar Mujica, de acuerdo con los propios morenistas, lucra con la imagen familiar para ascender en política.
Su influencia real es tan escasa e irrelevante que en las negociaciones con el gobernador Américo Villarreal, a su esposo, Juan Dionisio Cruz Guerrero, solo le ofrecieron la dirección de la Universidad Tecnológica de Altamira. En el lenguaje político, esto significa un compromiso de poco valor o un pago de favor de alguien lejano. Sinceramente, el doctor Villarreal hizo bien.
Como el proceso electoral de 2024 será el más importante para los intereses de la Cuarta Transformación, con un escenario de lleno de tensiones y ataques, Morena se la va a jugar con personas experimentadas y de arrastre político probado, no con figuras que solo piden ayuda y nunca aportan nada, como Úrsula y su esposo.
No teniendo grupo ni padrino, Úrsula se ha lanzado a la búsqueda de un protector o patrocinador que le lleve a una candidatura; se habla de la alcaldía de Tampico, pero su situación es tan frágil que se dará por agradecida con una la reelección como diputada local. Incluso una regiduría le sabrá a gloria en su situación actual.
La verdad es que la presidenta de la Junta de Coordinación del Congreso de Tamaulipas no trae nada “en el morral”. Es un caso inédito en la historia política del estado, pues ningún líder del Poder Legislativo ha sido nunca tan insignificante y vulnerable como ella.
Insensatamente, ha creído que su salvación está en el general Audomaro Martínez, director del Centro Nacional de Investigación, debido a la influencia que supuestamente ejerce en López Obrador.
Decimos insensatamente porque el general es mal visto en Tamaulipas, ya que ha permitido que su hijo David Martínez Hernández, director del equipo Correcaminos, conspire para dar protección a Guillermo Mendoza, actual rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT). Mendoza lleva casi diez años manejando la tesorería universitaria, y como rector protegió a Hugo Guerra, primo de Cabeza de Vaca.
En el actual gobierno de Américo Villarreal, Guillermo Mendoza es uno de los objetivos para ser llevado ante la justicia, ya que hay indicios de que usó la universidad para financiar las campañas del PAN y cometer diversos desvíos.
Entonces, si Úrsula Salazar está con el general Audomaro pero, sobre todo, con el rector de la UAT, queda fuera del aprecio del doctor Villarreal, y con razón.
Sin su mamá como respaldo, sin grupo político, sin la cercanía del gobernador y, ahora, sin la ayuda del Presidente, el futuro de Úrsula es un rompecabezas en el que faltan piezas que le puedan dar orden y certeza.
Quizás la rescate otra vez Mario Delgado, pero si quieren deshacerse de ella, denle una candidatura de mayoría. Con dificultad podrá llegar al tercer lugar.






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