Sin Filtros Express ; Por Brenda Ramos
E´l día de ayer se dió a conocer una noticia que ha generado gran revuelo en el ámbito político mexicano: la renuncia de Manuel Velasco Coello, esposo de la reconocida cantante y actriz Anahí, al senado para buscar la presidencia de la República. Esta decisión no solo llama la atención por tratarse de un miembro del Partido Verde, aliado de Morena, sino también por la coincidencia de que luego del regreso del famoso grupo musical RBD, con Anahí como su líder.
Ante estos acontecimientos, surge la interrogante de si estamos presenciando una especie de «Gaviota y Enrique 2.0». Hace años, vivimos una situación similar con la relación entre la actriz Angélica Rivera, conocida como «La Gaviota», y el expresidente Enrique Peña Nieto. Su historia de amor capturó la atención del país, y su matrimonio fue utilizado como un poderoso recurso de mercadotecnia política durante la campaña presidencial de Peña Nieto.
Ahora, con el regreso de Anahí y la incursión de su esposo en la contienda presidencial, surge la pregunta de si se intentará utilizar nuevamente la mercadotecnia como una herramienta para ganar la simpatía y el voto de los electores. No se puede ignorar que la industria del entretenimiento tiene un gran poder de influencia sobre los jóvenes y chavorrucos, quienes representan una parte significativa del padrón electoral para el año 2024, aproximadamente el 27%.
El fenómeno de los políticos que se rodean de artistas e influencers para impulsar su imagen y conectar con el electorado no es algo nuevo. Ya lo experimentamos con el expresidente Enrique Peña Nieto, quien recurrió a estrategias de mercadotecnia para construir una imagen favorable durante su mandato. Y recientemente, hemos visto cómo en Nuevo León los influencers Mariana Rodríguez y Samuel García han incursionado exitosamente en la política, llegando por esto a la gubernatura, por cierto venciendo a MORENA y su mal candidata elegida por «La encuesta».
La influencia de los equipos político-artista-influencer no debe ser subestimada. Su capacidad para generar empatía, conectar con las audiencias y transmitir mensajes políticos puede resultar en un impacto significativo en la percepción y preferencia de los votantes.
En esta era de la sobreexposición mediática y el poder de las redes sociales, la mercadotecnia política puede llegar a eclipsar los aspectos sustantivos y las propuestas de los candidatos. Los ciudadanos deberían no dejarse llevar únicamente por la fachada, sino analizar detenidamente las propuestas, la trayectoria y la idoneidad de los aspirantes a ocupar cargos públicos.
Concluimos con que, el anuncio de la renuncia de Manuel Velasco Coello y el regreso de Anahí con RB, un ícono con el que millones de mexicanos se han identificado por más de una década, han generado un debate sobre la posible utilización de estrategias de mercadotecnia en la contienda electoral.
La influencia de los equipos político-artista-influencer no debe ser subestimada, ni por las corcholatas y mucho menos por los ciudadanos, quienes en esta época de la información al alcance de todos, deberían mantener un enfoque crítico y se informen adecuadamente para tomar decisiones electorales basadas en la capacidad y las propuestas de los candidatos, más allá de su imagen mediática, o de una inclinación por la nostalgia de que incursionen en la política los íconos de los años dorados de su adolescencia.
Tal parece ue en estas elecciones, nos estaremos enfrentando a pasar por encima de la democracia, a que esta requiere de ciudadanos comprometidos y conscientes, capaces de discernir entre la mercadotecnia y la manipulación, poniendolas por encima de las verdaderas cualidades de quienes buscan gobernar nuestro país y tienen un verdadero perfil preparado para lograrlo.






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