Fuentes fidedignas. Por: Isaias Alvarez
En Tamaulipas, se espera que acaben los años de impunidad y corrupción que han caracterizado a los últimos gobiernos estatales. La gente quiere resultados, quiere palpar que los ex funcionarios panistas sean castigados. Fue la razón principal de la alternancia política que apoyaron en la elección de 2022 para darle el poder a Morena. Pero los diputados locales de la 4T se han limitado a darle circo y escándalo.
A los ciudadanos les interesa barrer con cualquier indicio de cabecismo que aún quede en el aparato estatal. No espera menos de Morena como gobierno del estado y como líder del Congreso local. Un buen ejemplo de ese cabecismo (funcionarios relacionados de cerca con el exgobernador) es Jorge Espino Ascanio, el Auditor Superior del Estado.
En efecto, Espino Ascanio fue incrustado en la ASE con ayuda de la mayoría panista en tiempos de García Cabeza de Vaca, a pesar de no tener perfil para el cargo (es mecánico electricista). De 2006 a 2007, fue coordinador de asesores de Francisco cuando este se desempeñaba como alcalde de Reynosa.
Quizás no haya en todo México un conflicto de intereses más evidente y grotesco que el de Espino Ascanio por haber sido un subordinado del exgobernador, a quien ahora debe auditar. Y si el conflicto no resulta claro en la ley, los intereses comunes de los dos sí están a la vista.
Por indigno de confianza, los tamaulipecos esperan la destitución y reemplazo de Jorge Espino como Auditor Superior del Estado.
Para ello, el Congreso del Estado, que lidera Úrsula Salazar, de Morena, ha de preparar una estrategia legal y jurídica que expulse a Espino Ascanio del puesto. Eso se puede lograr con voluntad política y con toda la seriedad profesional posible. Sin embargo, en vez de eso, Úrsula Salazar Mojica ha protagonizado un espectáculo bufo e intrascendente.
Lo único que se la ha ocurrido a la Junta de Coordinación Política es citar a Jorge Espino para interrogarlo delante de otros diputados. En términos legales (por ejemplo, que empiece el proceso para sustituirlo o sancionarlo) no tuvo ningún valor.
Si Úrsula Salazar Mojica enseñó todas sus habilidades y conocimientos durante la comparecencia de Jorge Espino Ascanio, el martes pasado, entonces está perdida. No tiene ni pizca de cultura jurídica y tal vez ni de cultura general.
No preparó ningún discurso introductorio, en el contexto social y político actual, que hiciera sentir a Espino un intruso en la ASE. Úrsula solo le tiró pullas como si fuera un asunto personal entre ella y él.
– ¿Cuánto tiempo le lleva estudiar una cuenta pública? –le preguntó al auditor.
Espino Ascanio pidió que le permitieran responder a su encargado de las cuentas municipales, para dar una respuesta precisa.
–A mí me gustaría que contestara usted –le dijo–. Yo creo que tiene la capacidad suficiente para contestarme.
Circo, show, vodevil, dimes y diretes, yo te reto, yo te exhibo, la comparecencia fue un espectáculo teatral para ser visto y comentado en redes sociales, nunca un proceso para recuperar al órgano fiscalizador.






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