Sin Filtros; por Brenda Ramos
Imelda Sanmiguel y Yahleel Abdala Carmona, tienen en común muchas cosas, ambas son de Nuevo Laredo, hijas de políticos que les dejaron resuelto el camino para seguir sus pasos y que disfrutaron las mieles del poder que les trajo el ser parte del grupo político más poderoso del 2016-2022: el cabecismo.
Fue hace miles de ayeres cuando unas jóvenes, haciendo uso del apellido de sus padres, lograron los mejores puestos en el PAN y PRI respectivamente. En esas épocas tan lejanas ya, las mujeres no tenían las oportunidades de ahora, la equidad de género no existía y solo una que otra podía colarse “En un mundo de hombres” a base de sudor y esfuerzo, más no fue así con quienes fueran lo que la chaviza llama hoy nepo-babyes, jóvenes que han logrado el éxito en una industria determinada, en gran medida debido a la influencia de sus padres, y no necesariamente debido a su propio talento o habilidades.
Así que, sin talento, capacidad o competencia, triunfaron en el último sexenio, tan solo por el respaldo de los hermanos Cabeza de Vaca, quienes colocaron a Imelda como regidora, luego como diputada local a la cual le dieron la reelección en el 2021, la convirtieron en la presidenta de la mesa directiva, aquella que gritaba en pleno que ella hacia lo que le diera su gana para luego posicionarla como candidata a senadora en el 2022.
Yalheel, por su parte fue regidora y luego dirigente del PRI, partido que la llevo a la diputación federal y local, hasta que Egidio Torre su más grande benefactor y protector la encaminó a Acción Nacional; poco o nada le importó a Yaheel que la señalaran de oportunista, traidora y/o falsa al dejar al tricolor luego de haberlo hundido junto a miles por el inmenso saqueo a lo largo de 70 años casi ininterrumpidos.
Su recompensa a esta traición fue grande, ser la candidata a la alcaldía de Nuevo Laredo, terminando en una humillante derrota, pues no le pudo ganar a MORENA aún y cuando el PAN era gobierno, cosa que no le sentó nada bien a Abdala, pero ni sus gritos, majaderías, descontrol, groserías, prepotencia, y desquiciamiento ¿momentáneo? cambiaron el resultado, dándole como premio de consolación la secretaría del bienestar, en donde los actuales despachadores aseguran haber encontrado muchas inconsistencias.
Con este pequeño resumen de las fallidas carreras de estas mujeres y la descripción de un comportamiento corriente, no propio de lo que se espera de unas servidoras públicas es que es entendible la desesperación por la cual ambas pasan en estos momentos, al ver que se les extinguió el fuego que alimentaba el gran horno donde se cocinó la corrupción durante un sexenio.
Cuentan que la guerra interna entre ambas damas se encuentra desatada en Nuevo Laredo, una intentando hundir a la otra, golpes bajos, puñaladas por la espalda, metidas de pie, sacadas de lengua, arreciaron estas últimas semanas pues su líder virtual pasó una vergüenza nacional al no haber sido tomado en cuenta como un aspirante serio a la presidencia por su partido.
Santo que no es visto no es adorado y Francisco García Cabeza de Vaca, ha perdido toda su fuerza, apenas rasguñando unas cuantas posiciones pluri, la del senado por supuesto para él y ellas lo saben. De comer con la cuchara grande, ahora tendrán que pelearse las migajas.
Entre ellas hay una gran rivalidad, a toda costa una quiere ser mejor que la otra, y sus allegados aseguran que esto las ha llevado a soltar chismes a diestra y siniestra una de otra, desprestigiándose y dañándose políticamente y cegadas por la envidia no se han dado cuenta que se están dando un balazo en el pie, debilitando a su grupo pues la época electoral, aunque cercana aún no arrecia y por esa absurda pelea solo darán risa o lástima en la contienda del 2024 si acaso una es la elegida para pelear por la presidencia municipal.
Nos causa intriga saber si a medida que esta lucha interna se va encendiendo y no se aguantan y se dicen sus verdades frente a frente entre ellas se denunciarán por violencia política de género, por parte de Imelda por lo menos, sería muy hipócrita no hacerlo ya que por un cartón político lo hizo con un periodista. O tal vez, delante de las cámaras seguirán fingiendo que son buenas compañeras como lo hicieron en esta pasada campaña a Senadora de Imelda, en la que no dudamos que, para sus adentros, Yahleel se regocijo por la pérdida de SanMiguel.
Sean peras o manzanas, ambas son un ejemplo de lo que no debe hacer un político, tirarse a la hamaca por tener familiares o amigos que les apadrinen, pues los años no pasan en vano ya que los ciudadanos se cansan y no dudan en castigar con su voto. De ser poderosas, ambas pasaron a parecer viudas negras llorando y lamentándose porque descubrieron que de la herencia familiar ya nada queda. Su líder sigue vivo, más no así el grupo político que les dio todo, los espacios que Francisco pueda conseguir, cada vez son menos ¿Cuál de las dos será tomada en cuenta en Nuevo Laredo? Pronto lo sabremos.






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