Sin Filtros; por Brenda Ramos
Mal ejemplo ofrece un municipio dedicado prácticamente a la industria extranjera y de exportación que no sabe sostener buenas relaciones con su sindicato. Pero ya nada es extraño en el gobierno de Reynosa, donde el alcalde tiene procesos judiciales y puede ir en cualquier momento a la cárcel por delitos graves.
Discrepar es una expresión natural en sociedades abiertas y democráticas. Así que las diferencias del alcalde con el sindicato del Ayuntamiento no deben tomarse como una falla de su parte. El error está en su incapacidad de hallar acuerdos en conflictos que afectan a la administración. En última instancia, esa imagen daña la credibilidad de él y de la ciudad que gobierna.
El alcalde Carlos Peña está confrontado con el Sindicato de Trabajadores de Mantenimiento y Limpieza del Ayuntamiento de Reynosa y con el de Trabajadores de COMAPA. Como un chiquillo maleducado, se obstina rechazar a estas agrupaciones y alarga el conflicto como si pudiera resolverse solo.
Ha tomado como algo personal la confrontación con el sindicato del Ayuntamiento, pero el que pagará los daños será el municipio. Cuando un empresario estudia una plaza dónde invertir y trata con las autoridades, no es a la persona, hombre o mujer, a la que ve, sino al gobierno municipal. Y están en juego la credibilidad y la confianza en esa ciudad.
El conflicto entre Carlos Peña y estas organizaciones se ha desarrollado en el siguiente orden:
En febrero, se negoció un aumento de 4 por ciento al tabulador contractual a los miembros del Sindicato de Trabajadores de Mantenimiento y Limpieza del Ayuntamiento de Reynosa, pero el alcalde Carlos Peña se negó a cumplirlo.
El presidente municipal les propuso un aumento general del 2 por ciento, y de 4 por ciento únicamente a 50 trabajadores, excluyendo de este beneficio a una mayoría de 530 trabajadores.
En el desfile del Día del Trabajo, el pasado 1 de mayo, los trabajadores del Ayuntamiento protestaron frente al templete de honor, donde un molesto Carlos Peña movía la cabeza y reclamaba a sus colaboradores por no haber evitado la manifestación.
El 12 de mayo, ante la oposición del alcalde, los trabajadores acordaron presentarse a laborar usando una camisa con una leyenda impresa, que dice: «Bajo Protesta».
No descartan realizar un paro de labores en caso de no resolverse sus peticiones. 580 trabajadores y sus familias sufren las tensiones de este conflicto, ya que temen represalias y despidos.
Estos son tiempos de cooperación y/o unidad, no de divisiones. Así no es como se atrae la inversión Y se apoya la generación de empleos.
La responsabilidad de un alcalde para crear confianza en los inversionistas y atraer inversión privada a su municipio es un aspecto fundamental de su liderazgo. La capacidad de un alcalde para fomentar un clima empresarial favorable y generar un entorno propicio marca la diferencia en el desarrollo económico y social de su comunidad.
En primer lugar, es esencial que un alcalde establezca una sólida reputación de integridad y transparencia en su gestión. Los inversionistas privados buscan entornos donde puedan confiar en que sus recursos serán utilizados de manera eficiente y en beneficio de la comunidad en su conjunto.
Un alcalde debe asegurarse de que los procesos de toma de decisiones sean claros y transparentes, y de que se evite cualquier indicio de corrupción o malversación de fondos públicos. Esto genera confianza en los inversionistas y les brinda la seguridad necesaria para considerar la posibilidad de invertir en el municipio.
Además, un alcalde debe trabajar en cerca con el sector empresarial local y con las organizaciones sindicales. Al involucrar a inversionistas y sindicatos y escuchar sus necesidades, un alcalde puede identificar oportunidades de mejora y desarrollar políticas y programas que fomenten la inversión privada. Al hacerlo, se crea una sensación de participación y compromiso mutuo, lo que aumenta la confianza de los inversionistas.
Además, un alcalde debe ser proactivo en la eliminación de conflictos, barreras y enfrentamientos que dificulten la inversión. Esto implica simplificar los procesos administrativos, reducir la carga regulatoria y agilizar los trámites en el municipio. Al hacerlo, se facilita la inversión y se envía una señal clara de apertura y bienvenida a nuevas empresas.
En resumen, la responsabilidad de un alcalde para crear confianza en los inversionistas y atraer inversión privada a su municipio es crucial para el desarrollo económico y social de la comunidad. Al establecer una reputación de integridad, fomentar la colaboración con el sector privado y los sindicatos, y al eliminar barreras, un alcalde puede generar un clima empresarial favorable y atraer capitales.
Sin embargo, un alcalde como Carlos Peña, incapaz de ver los conflictos municipales como un asunto institucional y no como un choque de egos, cerrado a la negociación y al diálogo, arriesga la imagen de Reynosa y de Tamaulipas como destinos de inversión, y pone en duda la competitividad del estado.
Para empeorar las cosas, los afectados han recurrido a la Federación de Trabajadores de Reynosa, la central obrera de la ciudad, para hacer un frente contra las presiones del alcalde.
Procesos judiciales, rezago de obras, conflictos sindicales, ¿y así quiere reelegirse?






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