Sin Filtros; por Brenda Ramos

Los victorenses padecieron el abuso de poder de los alcaldes panistas Xicoténcatl González y Pilar Gómez Leal, y aún no superan los estragos que les dejó. Sufrían las frivolidades del primero y los despilfarros de la segunda, quien además había sido impuesta por su primo, Francisco García Cabeza de Vaca. Finalmente, se fueron todos, pero el abuso de poder, por desgracia, sigue presente en el gobierno municipal a través del alcalde Lalo Gattás.

¿Dónde quedó el “mandar obedeciendo”? Xico gobernaba Ciudad Victoria a su entero capricho, otorgando  a su hija y a su yerno poderes que los ciudadanos no respaldaban. Pilar descuidó los servicios públicos y dejó hablando solos a los ciudadanos; era como una regente, pues Cabeza de Vaca tenía el control real. De este patrón de conducta, ambos alcaldes practicaron mil formas diferentes de abuso de poder durante sus gobiernos.

Ahí se encuentra la raíz de la corrupción, el nepotismo y la tiranía: en gobernar para satisfacer las necesidades de la autoridad, no las de los ciudadanos.

El abuso de poder del gobernante es una forma de violación de los derechos humanos y de la democracia que afecta gravemente a la sociedad. Cuando el gobernante utiliza su posición de autoridad para imponer sus intereses personales o de grupo, sin respetar las leyes ni las instituciones, está cometiendo un abuso que puede tener consecuencias negativas para el desarrollo económico, social y político.

Algunos ejemplos de abuso de poder del gobernante son la corrupción, el nepotismo, la censura, la represión, la persecución política, la expropiación arbitraria, la violación de la división de poderes, entre otros. Estas prácticas generan desconfianza, desigualdad, injusticia, violencia y pobreza en la sociedad, y debilitan la participación ciudadana.

El gobernante que abusa de su poder suele estar involucrado en actos de corrupción, como el desvío de recursos públicos, el tráfico de influencias, el nepotismo, el soborno, la extorsión o el fraude. Estos actos afectan el desarrollo económico y social de un estado, generan pobreza, desigualdad e injusticia.

Un alcalde que abusa de su poder también recurre a la violencia para reprimir a sus opositores, a los medios de comunicación críticos, a las organizaciones sociales y a los ciudadanos que reclaman sus derechos. La violencia puede ser física, psicológica o simbólica, y genera un clima de miedo, intimidación y censura.

Por lo general, ediles como Xico, Pilar y Gattás se sienten por encima de la ley y tratan de evadir su responsabilidad por sus actos ilícitos. Para ello, controlan o manipulan a los órganos encargados de fiscalizar la administración, como la Contraloría o la misma Junta de Cabildo. La impunidad fomenta la repetición de los abusos y la desconfianza en las instituciones.

Como es sabido, el gobernante que abusa del poder pierde la credibilidad y el apoyo de la población, que se siente engañada, defraudada y traicionada por su representante. Esto provoca una crisis de legitimidad y de representatividad que puede derivar en protestas sociales, conflictos internos o situaciones graves de inestabilidad.

Esto último se cumplió proféticamente con Xicoténcatl González y Pilar Gómez; enfrentaron plantones y repudio por su mediocridad. Luego, vino la derrota definitiva, la electoral.

Pero el resultado ha sido igual de decepcionante. Lalo Gattás se ha mostrado tan autoritario y alejado de los problemas de la gente como Xico y Pilar. Ha ido incluso más lejos y, en los hechos, es el alcalde más intolerante de Ciudad Victoria en los últimos años.

Su último error ha sido amenazar a los informadores que lo cuestionan. No necesita devolver golpe por golpe, como la Ley del Talión, ni procurar el sufrimiento de sus críticos; tan sólo decirlo causa vergüenza. Pero, si cree tener la razón, si publican mentiras sobre él, que reclame en tribunales. Pero es ahí donde lo conocen bien, y no por respetar la ley, sino precisamente por violarla.

Lalo Gattás sigue bajo investigación judicial por operaciones con dinero de procedencia ilícita. La Fiscalía Anticorrupción dice tener pruebas de los delitos: una camioneta Tahoe, blanca, de tres millones de pesos, propiedad de Sergio Carmona, el huachicolero asesinado en Nuevo León; y una casa de 11 millones de pesos ubicada en playa Miramar. El fiscal Raúl Ramírez ha dicho públicamente que Gattás se negó dos veces a explicar cómo obtuvo el dinero para esos bienes, a pesar de no haber recibido ingresos en los cinco años anteriores a la elección.

Sentirse por encima de la ley, impune o intocable es el rasgo más característico del abuso de poder, y Lalo Gattás retrata estas actitudes. Hay que recordarle que así se sentían Tomás Yarrington, Eugenio Hernández y Francisco García Cabeza de Vaca. Hoy, los dos primeros están en la cárcel, y el último anda prófugo.

Pero mientras no sienta temor, mientras no respete la ley y sus castigos, seguirá adelante con sus desenfrenos. El más reciente ha sido la autopromoción de su imagen en eventos insulsos y de nula trascendencia, pero que sirven para la foto. Lalo quiere parecer un alcalde exitoso para poder reelegirse en 2024. De hecho, ya anunció que volverá a registrarse aunque no haya hecho ni una sola obra. Del agua, mejor ni hablamos.

Y del desenfreno ha pasado a la dura realidad. De acuerdo con la encuestadora Massive Caller, el 49. 8 por ciento de los victorenses no votaría por él en la reelección, mientras que el 34.2 por ciento sí lo haría. Es decir, va derrotado desde ahora.

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