Sin Filtros; por Brenda Ramos

Las Monarcas pintadas por el ayuntamiento que preside Carlos Peña Ortiz en el desnivel número dos de la ciudad que gobierna, fueron duramente criticadas por la ciudadanía, ya que destruyeron patrimonio histórico, pues la construcción original databa de los años sesenta y estaba recubierta de resistente y hermosa piedra laja a iniciativa del entonces alcalde José Cruz gestonó.

Como dicen, cada quien proyecta sus gustos y plasma con lo que se identifica; suponemos que el entonces alcalde buscó dejar su huella con una obra duradera, como lo eran dichas paredes consideradas por los ciudadanos como un patrimonio cultural; en el caso de Makito, el joven alcalde se identifica más con las mariposas, por las alas, de ahí que haya remasterizado el eslogan de su mamá «Las alas de Tamaulipas» convertido en “Volamos más alto”, así de predecible y sin identidad propia.

Ahora bien, lo que a simple vista parece una sencilla remodelación de mal gusto, con aires de cuarto de quinceañera, tiene el trasfondo de la mayoría de los pasos que da el alcalde, no se sabe para qué sirve, así como tampoco se ha transparentado su costo y por si fuera poco, viola la ley.

La ley de Asentamientos Humanos, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano del Estado de Tamaulipas, en su artículo 5 establece que los ciudadanos tienen derecho a participar “en la formulación, seguimiento y evaluación de las políticas, planes y programas, que determinan el desarrollo de las ciudades y territorio”, pero dicha obra no fue puesta a consulta ciudadana. Además, el artículo 148 puntualiza que El uso, el aprovechamiento y custodia del espacio público se sujetará a prevalecer el interés general sobre el particular, el cual claramente no cumplió, pues, sus gustos y preferencias por la decoración con mariposas, solo están beneficiando a sus ojos, estado de ánimo y/o influenciar en una futura intensión por el voto al enviar el mensaje de ALAS/VOLAR/MÁS ALTO.

Por otra parte, la horrenda idea de arruinar décadas de historia también pudo venir de Maki Ortiz, que se sintió Diana Bracho en la nueva novela que se trasmite por TELERISA en donde interpreta a un personaje apodado “La monarca”, que mangonea a sus hijos y aun después de casarse los tiene presos viviendo bajo su mismo techo con todo y sus esposas, decidiendo en que trabajarán, que dirán y hasta cómo se vestirán.

“Eternamente amándonos” es el nombre de esta novela que se desarrolla en Morelia, Michoacán, por eso el juego de palabras con el apodo de “La monarca”, que después del mural que mando pintar el ayuntamiento de Reynosa, le queda muy bien a Maki Ortiz, que le indica a Carlos como vestirse, que decir, con quien juntarse y cómo gobernar, pues su femenino sello está presente en cada decisión, como la de pintar mariposas monarcas.

Son medidas como esta las que dejan tan claro (Aunque lo niegue y reniegue) que es Maki Ortiz la que toma las decisiones en el ayuntamiento de Reynosa y Carlos, su hijo no es más que un simple ayudante, achichincle, personaje secundario, de relleno o hasta un extra, con eso de que hasta antes de la Feria muy pocas veces se le veía despachando en ayuntamiento comparado con las veces que se le balconeó de viaje o en los antros del Valle de Texas.

Y es que, si nos ponemos a analizar lo que sucede en Reynosa, además de las recurrentes apariciones de Maki en los eventos de Carlos “Al filo de la ley electoral”, es como si ella nunca se hubiera ido, siguen sus mismos empleados, su mismo eslogan, los mismos señalamientos de corrupción, nepotismo e influyentísimo. No ha transcurrido ni un día en que su particular modo de gobernar se deje de notar y no hay prueba más evidente que, ese mural de “las monarcas”.

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